(Entrevista sobre este tema realizada a Gonzalo Abella por Efraín Churi en CX 36 - Centenario,
el 3 de febrero de 2009), en Montevideo
Churi: Vámonos al carnaval, pero muy tiempo adentro… y arranquemos por Europa, por ejemplo.
Abella : Por los Médicis y Venecia... Tú sabes que sí, yo hablo de muy diversos temas, pero en realidad son temas que giran sobre la identidad de los orientales. Lo que pasa es que los orientales somos un pueblo de aluvión y tenemos raíces que nos vienen de muy lejos. Y cuando a uno la vida lo golpea, por un lado, pero le da el regalo de caminar… uno empieza a descubrir esas raíces en los lugares más sorprendentes.
El carnaval tiene en la historia uruguaya, por ejemplo en la lucha contra la dictadura reciente, un papel importante. En los tiempos en que el Frente era el Frente, Millor - aquel legislador reaccionario del Partido Colorado- cierta vez muy enojado, decía que el carnaval uruguayo es el acto político más largo del mundo, quejándose sobre todo, de las murgas. Estas jugaron, en su momento, -cuando las murgas eran murgas-, un papel muy importante en la lucha contra la dictadura. Desde más atrás todavía, el carnaval uruguayo fue un lugar de expresión de la cultura afro, que trascendía el toque del tambor, y mostraba en una serie de elementos culturales, -y quien tiene ojos para ver, que vea-, algo que era mucho más allá que una danza.
El carnaval viene de Europa y tiene que ver con la supervivencia de antiguas religiones socializantes, antiguas creencias, antiguos ritos, antiguos elementos vinculados a sociedades libres que permitían la expresión erótica corporal, que vivían más plenamente la libertad del ser humano. Ya en tiempos de opresión, el carnaval explota como válvula de liberación en momentos en que la sociedad era muy reprimida.
La explotación de clase sataniza diversas formas de libertad. Ya en el Antiguo Testamento uno ve cómo ese pueblo judío, que tantas veces luchó por su liberación, con esa inmensa dignidad… el pueblo judío que sale de Egipto, el pueblo judío de los jueces, de los macabeos, de las luchas por liberarse, muchas veces ya, por una razón de clase, sus jefes se vuelven intolerantes, empieza la expansión hegemónica, y una de las primeras cosas que hacen los nuevos conductores del pueblo hebreo es quemar los templos de las lomas y lapidar a las llamadas “prostitutas del templo”. En realidad, eso tiene un tufillo inquisitorial impresionante. Esto debe ser leído tratando de entender el contexto de la intolerancia de una sociedad que se va fragmentando, que empieza a someterse a la jerarquía levítica, que dice que su dios es celoso y que no admite otras imágenes.
Y realmente, leyendo el Antiguo Testamento, ahí uno empieza a entender cómo, cuando la propiedad privada sobre la tierra se consolida, una de las cosas más importantes es reprimir la sexualidad femenina. Porque si yo no sé quién es hijo de quién ¿cómo garantizo las líneas de sucesión de la herencia? Por lo tanto, la satanización de la sexualidad femenina es parte de la lucha por la propiedad privada de la tierra. Ahí la religión pasa a servir al control de los terratenientes.
Pero al final de la Edad Media en Occidente la acumulación de memoria de la resistencia popular hace entender a las sociedades -ya dirigidas por un cristianismo que se ha hecho represor, negando el propio mensaje de Jesús-, que hay momentos en que el pueblo necesita ciertas válvulas para disminuir su propia presión.
Entonces (como dice Serrat en aquella canción "…por una noche se olvidó / que cada uno es cada cual") en Europa se generan ciertas válvulas, donde por unos días todo está permitido. Y así surge el carnaval, sobre todo en la Venecia de los Médici, es decir, en esas sociedades brutalmente explotadoras; esas sociedades donde la elite burguesa, unida a la aristocracia de sangre, trata de establecer un poder y manipular al pueblo. Entonces en carnaval todo está permitido. El resto del año está prohibido burlarse de la autoridad, pero en los días de carnaval yo me disfrazo de monarca, lo ridiculizo y lo satirizo. Y en tanto es carnaval, yo hago un guiño. Desde luego, toda opción sexual que no sea permitida por el dogma religioso es satanizada, excepto en carnaval. Yo en carnaval puedo jugar a ser homosexual o lesbiana por cuatro días y nadie me va a reprimir. Hago un guiño, es carnaval. El carnaval es entonces la válvula de escape del vapor acumulado en la caldera de un pueblo enojado. Y así se maneja el carnaval.
Pero esta fiesta es -por la misma razón- donde afloran, en la Europa reprimida, los viejos cultos de la libertad, de la Naturaleza y sus espíritus guardianes y fecundos, de la exaltación del amor sexual, del amor corporal, del amor libre de toda traba y de todo prejuicio. Es el derecho a honrar a las fuerzas de la naturaleza; y a los espíritus de la naturaleza; y es el derecho al acceso directo a la comunicación con los espíritus de los difuntos, sin mediación institucional, acceso satanizado por la religión oficial, que pretende tener el control absoluto y las llaves del paraíso, en la imagen simbólica de San Pedro. Es decir: Yo soy -dice la Iglesia del Poder- el único mediador entre la gente y el mundo del más allá. Entonces la recuperación de ese vínculo, a través incluso del brindis y de la embriaguez colectiva, de encontrar la dimensión de lo trascendente, eso es lo que permite el carnaval por unos días, y eso es el carnaval que llega a América, con mucho miedo por parte de las autoridades virreinales. Y ese es el carnaval que los pueblos multiculturales de América empiezan a usar también; desde las diabladas de Oruro y el carnaval de Cochabamba hasta los carnavales afroamerindios del Brasil.
Chury: ¿Cuál es el motivo de que en nuestro país y en nuestra región se vincule de forma tan directa al carnaval con todo lo afro? ¿A qué se debe eso, Gonzalo?
Abella: Porque el carnaval fue siempre la válvula de escape de los más oprimidos. Y cuando hablamos de los oprimidos no hablamos sólo de la opresión directa del trabajo y de la plusvalía, sino que hablamos además de la opresión de clase, social, de la cultural y la religiosa.
Hace poquitos días, en el diario La Juventud salió un artículo de una mujer intelectual, europea, que habla de cómo el marxismo ha entendido mal el factor revolucionario de la religiosidad popular, esa religiosidad transgresora que se enfrenta a la manipulación religiosa del Poder, al dogma religioso que es el opio del pueblo. Lo cierto es que los afroamericanos encuentran en el carnaval una de las primeras maneras de preservar su identidad. Tanto es así, que el montevideano medio creía, en los años cincuenta, que “las llamadas” eran una situación carnavalera. No: las llamadas tienen que ver con la religiosidad afromontevideana. Lo que pasa es que donde estaban legitimadas, donde podían expresarse era en el momento del carnaval.
Pero en relación al carnaval y lo afro hay algo más: la murga es un fenómeno que también viene de Europa. La murga es la parodia de la amurga gaditana, es laparodia que hacen los alegres estudiantes del Montevideo de los años veinte, que se fascinan por el canto coral, ese canto a capellaque viene de Europa, y tratan de introducirlo a su manera en el carnaval montevideano. Esos estudiantes que eran hijos de burgueses (en los años veinte no había ley orgánica; había que ser hijo de familia de la alta sociedad o del comercio para ir a la Universidad); esos muchachos estudiantes hacen algo bien interesante: toman esa forma española de la estudiantina, hacen la parodia de la amurga y le ponen letras picarescas y de sátira política para escandalizar a sus papás burgueses. Estos alegres estudiantes cantan arias de óperas, de zarzuelas, chotis; no se iban a rebajar a cantar un milongón, ellos eran integrantes de la alta sociedad.
Pero en el año 24, 25 (Rebeca Knaster y otros investigadores lo han desarrollado más) a os grupos estudiantiles se les ocurre contratar en los cuarteles de Montevideo la percusión de las bandas militares: el bombo, el platillo y el redoblante. Pero la mayor parte de los soldados que están en las bandas musicales son afrodescendientes. Liberados del dos por cuatro de la marcha militar, se meten a acompañar a esos estudiantes ricos que están de farra y les meten (de contrabando) una síncopa absolutamente africana. Entonces los muchachos empiezan a tratar de cantar un aria de zarzuela o una canzonetta napolitana y empiezan a moverse como lo dicta el compás de la percusión. Y la percusión es afro. Entonces aparece una cosa muy característica de la murga uruguaya. Esto me lo decía un antropólogo chileno -Sergio Ulises Nilo, muy viejito, que vivió muchos años acá. Él decía: "Yo veo un director de murga montevideano: se acerca al micrófono, hace un chiste de doble sentido…y es un hombre del café concert europeo. Suena el redoblante, hace un salto de movimiento felino, ¡y se vuelve un lancero africano!Gira otra vez hacia el micrófono y vuelve a ser europeo. Y él ni se da cuenta de su propia transformación".
Por eso a muchos montevideanos , y a muchos sanduceros, no les gusta la murga porteña. Porque la murga porteña toma fundamentalmente, en su gesticulación, la bufonesca medieval europea. La murga montevideana toma en cambio un elemento mucho más afro. Y eso hace que lo afro no aparezca sólo en el candombe o en los típicos ritmos de raíz africana, sino que lo vemos en un género que claramente viene de Europa - como la murga nuestra- y que sin embargo mete una gesticulación, una manera de entonar, una manera de distorsionar la voz, -si pudiéramos hablar en términos líricos- a los efectos de tener un matiz canyengue, de Yacumensa, que viene realmente de esa raíz africana que impregna toda nuestra música popular y que por supuesto marca realmente nuestro carnaval.
Churi: ¿Y cuándo comienzan a aparecer estas manifestaciones afro en el Uruguay?
G. Abella: Y cómo fueron reprimidas por edictos policiales… El tema es: cómo aparecieron, por qué, y cómo juega en esto la lucha de clases. Desde que volví al Uruguay en el '84, después de tener una visión continental bastante privilegiada, me ha preocupado mucho siempre el tema de la identidad uruguaya. Y me preocupó por un doble sentido: si vos no recogés lo que es la identidad de un pueblo, entonces el imperialismo te gana una batalla muy importante. Pero si se exalta la identidad de un pueblo hasta negar las contradicciones se vela la lucha de clases interna. Y entonces se cumple una tarea antimperialista, se exalta al pueblo en general, pero uno se pone al servicio de una visión burguesa y chovinista de "nación contra imperio". La contradicción fundamental entre opresores y oprimidos cruza el tema del imperialismo. De alguna manera el carnaval tiene que ver con estos dos elementos: con el tema de la identidad de un pueblo que no quiere desaparecer, -y en este caso el tema de la identidad es fundamental hasta para luchar contra los monocultivos forestales- y por otro lado para encontrar la brújula de la lucha de clases interna.
Hay un asunto de identidad como tarea antimperialista, y por otro lado el análisis de clase, para ver lo contradictorio de esa identidad. "Juntos pero no entreverados", para poder seguir avanzando más allá de una simple resistencia de la dignidad y la soberanía. Entonces esto se ve admirablemente en cuanto va avanzando, en el Montevideo de fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte, cuando se va imponiendo el carnaval como lugar de aglutinamiento de lo que pasa a ser reprimido en el resto del año. En el Montevideo colonial, la mayor parte de las expresiones de los esclavos estaban prohibidas. Pero los domingos por la tardecita en las murallas, había un espacio donde los negros siempre que sus amos los autorizaban, buscaban su identidad a través del tambor y a través de determinados ritos enmascarados en danzas.
En otro momento histórico el gobierno “uruguayo” del Montevideo colorado, tan represor como el Montevideo colonial, se da cuenta que no es bueno dejar que todos los domingos pase eso, que es mejor que todas las manifestaciones de lo extraño, de lo “deforme” desde el punto de vista del modernismo liberal, se agrupe en esos días de carnaval; y entonces es la policía la que va a velar, con sus edictos, por que no haya excesos. Aparentemente los excesos eran los huevos que se tiraban, el perfume que se tiraba a los ojos, lógicamente. Pero en el fondo, los excesos que se temen son la recuperación de una memoria ancestral, la recuperación de una memoria artiguista, entendiendo lo artiguista como lo multicultural, que es uno de los elementos tan importantes como el tema de la tierra y que está absolutamente vinculado al tema de la tierra. Si se recupera lo multicultural, se recupera la lucha por la tierra. Si se habla sólo de la modernidad europeizante, la tierra pasa a ser sólo un elemento de compraventa en función del progreso. Está todo muy vinculado en el tema del carnaval.
El Carnaval es como una gotita de agua que en la esfericidad de su superficie refleja el Universo.
Pero ¿qué pasa?, ¿por qué el elemento negro se mete allí?
Pensemos en los partidos políticos. Blancos y colorados, esas dos divisas existían ya en la época de Artigas; no son posteriores, estaban agazapadas, esperando su oportunidad. Cuando Artigas es derrotado en 1830 nuevamente por la Constitución reaccionaria probritánica, que separa la Provincia Oriental, blancos y colorados no se pelean enseguida porque primero hay que ganar juntos la Contrarrevolución Agraria. Sólo desde 1836, -golpe de estado de Rivera contra Oribe- comienza la guerra entre ambos. Y lo que logran las divisas es fracturar la alianza de indios, negros y gauchos. (se acaba aquello de "ver a los indios formar el escuadrón / y aprontar los morenos el corazón") y rápidamente, el Partido Colorado, que gobierna Montevideo, trata de cooptar a los afrodescendientes. Y los mete en el ejército. (Estoy abreviando a toda velocidad) Y cuando los mete en el ejército, las ancianas negras les dicen a sus hijos que se metan en la banda musical. ¿Dónde van a hacer carrera? Claro: la banda del cuartel no estaba en la retaguardia, a veces iba con sus tambores y sus trompetas abriendo camino adelante de la infantería. Pero ahí en el Ejército, pese a los riesgos, ahí se podía hacer una carrera, se podía aprender un oficio. Entonces sucede que en nuestras guerras civiles, cada vez que hay paz, los negros pasan a ser los musiqueros de campaña. Aprendieron el oficio en el cuartel. Por eso dice Osiris Rodríguez Castillo: "…Y ande hubiera una guitarra/ y algún pardo trovador / la galponera pa' tuitos/ general de división" Por eso canta Numa: "Pasaba el vino tinto/ por su garganta negra/ mientras desenfundaba/ la de doble hilera" Por eso se canta en el litoral: "Un solo peón está en la sala/ pero no está en la diversión / Es el moreno Gumersindo/ que le pega al acordeón". Y canta Sampayo: "Y en la chamarra los ocho dedos / de aquel moreno que era mensual / al escucharlo mi alma lloraba / porque era el alma tradicional"
Es decir que los afroorientales van ocupando un espacio cuartelero, que es su única posibilidad de ascenso social. El clarín de Aparicio, los negros de Cerro Largo, metidos con el partido Blanco; los negros de Montevideo con el Partido Colorado. Cosa que sigue y que tiñe nuestro carnaval montevideano de Partido Colorado. Negro de barrio Palermo, de barrio Sur en los años sesenta: ¡noventa por ciento batllista y de Peñarol!. Venía de esa tradición. Algún día podemos hablar más de esto. Pero vinculado al Carnaval, la clave está en las comparsas lubolas. Yo tuve el honor de dar unas charlas en Cuareim 1080, y los muchachos tomaban nota detrás de listas electorales recicladas del Foro Batllista. Listas coloradas: era el papel que usaban de reciclaje los muchachos de la comparsa de Cuareim 1080.
También fue así en las murgas. Pero la murga, por su alto contenido político, fue cooptada más rápidamente por la gente de la izquierda. La gente de la izquierda, en cambio, en el candombe no empezó por el letrista o el coreógrafo: empezó por la cuerda, por meterse en la cuerda de tambores. En la murga en cambio, la gente de teatro se mete directamente y "vira izquierda" -como dirían los brasileros- mucho más rápidamente. La izquierda va avanzando en este sur Montevideano sobre la base de un carnaval que era netamente colorado. Pero además era netamente colorado por otra razón: si los colorados en el siglo diecinueve fueron los abanderados de la entrega, y los blancos -con Aparicio y primero con Leandro- fueron los abanderados de la dignidad, en la medida que Europa se moderniza y se hace más liberal, el partido que le copia todo a Europa -el Batllismo- se hace más liberal. Y el partido Nacional, de la tierra y de la dignidad de la patria se vuelve cada vez más conservador y más reaccionario. Entonces el batllismo de las poetisas eróticas, el batllismo de la libertad y del divorcio, es el batllismo que auspicia un carnaval de la trasgresión, frente al escándalo de los blancos conservadores. Hoy en día los estancieros más grandes, que ahora tienen los ganados mejorados y están vinculados al mercado mundial, ya han dejado todo filo de dignidad patriótica. Invierten en monocultivos, se arrastran ante las trasnacionales. Les molesta el carnaval, aunque aplaudan en él lo gauchesco que sea sólo fachada, que no opine demasiado. El carnaval entonces también tiene que ver con esta historia que viene de la Guerra Grande, de los afroorientales metiéndose en la música, en esa herramienta de ascenso social que es el instrumento, como lo hicieron en las Misiones los indios guaraníes con su enorme capacidad musical.
Ahora, ¿qué tan afro es lo afro de nuestro carnaval? Ese es otro problema. Porque en última instancia, si uno mira una cuerda de tambores, que están llamando, -se trata de una llamada a la entidad africana- verá que los tambores están resonando sobre lonjas de vaca, las vacas que trajo Hernandarias; y el gramillero tiene "hierbas medicinales" que son "made in Charrúa": no son hierbas importadas de África. Son las hierbas que los indígenas enseñaron a usar a los inmigrantes pobres y a los negros prófugos.
Es más: en toda la ritualidad del carnaval latinoamericano está la alianza de los inmigrantes humildes con los africanos y con los indígenas. Si tú tomas los "blocos" del samba carioca, vos tenés el "bloco" de los caboclos, o sea de los indios; el "bloco" de los afros, y esa otra gente que aparece con pelucas, que son los inmigrantes. Yo estaba en Recife hace unos cuantos años, en el Museo del Hombre Nordestino y allí me decían. "… el afoxé en Bahía, el samba en Río y en San Pablo… acá es el maracatú de baque virado. Y yo pregunté ¿Y qué es el maracatú? "Bueno, van los negros con su princesa, que es la calunga, y viene en sentido contrario, bailando, un grupo de caboclos, de indios "da floresta" que les enseñan a los negros que se escapan con su princesa, el camino protegido para armar su quilombo.
Entonces: el carnaval guarda algo de la memoria de lo que acá fue el artiguismo. Es la memoria de la fraternidad de los pueblos, de sus rituales des-satanizados, recuperados en su dignidad; dialogando y allí van en contrapunto lo afro, lo indígena, lo criollo. El carnaval latinoamericano, desde las diabladas de Oruro hasta el carnaval de Recife o de Bahía, es la exaltación de la raíz esencial de la revolución continental.
El Carnaval es por esencia revolucionario. Por eso está tan manipulado; por eso toda la corrupción, por eso todo lo que intenta frenar y desvirtuar y hacer de las murgas una especie de personajes cómicos en variopintos trajes grotescos que le canten a las cosas más tontas, más triviales; para cercenar la raíz revolucionaria de la murga-pueblo. A mi me parece que el Carnaval nos da para pensar en todo eso. Es más: el Carnaval en campaña era muchas veces la legitimación de la reivindicación del viejo payador y del antiguo folclore.
Los conjuntos folclóricos más tradicionales encontraban su espacio en los días de feriado del carnaval en las capitales departamentales, vinculados al teatro criollo, a las sátiras, a los sainetes, pero también a esa teatralización épica de Martín Aquino.
Churi: Sí, totalmente cierto. Lo pude vivir en la década de los cincuenta en ciudades del Interior, donde precisamente se daba la oportunidad, en el tablado, de que se cantara la canción criolla. Primero estaba el corso; y después del corso había canto, el canto tradicional uruguayo. Eso se daba no sólo en las capitales departamentales sino también en pueblos chicos.
Abella: Y a la inversa, muchas veces, gente que empieza en un festival folclórico con conjuntos folclóricos locales, -se ve mucho en el santoral de Canelones todavía hoy… se ve mucho en Rivera-,
hay también un momento en que dicen "Bueno, ahora vamos a hacer un candombe" Con guitarras, sin percusión muchas veces; pero ese mismo grupo folclórico se mete a hacer un candombe. Y no desentona, todo parte de lo mismo. Porque -como decía un gringo muy querido que anduvo por acá- "Yo oigo la guitarra de Atahualpa y siento atrás una quena en ese lamento. Pero a veces siento la guitarra de Los Olimareños y siento atrás un tambor"
. Tarragó Ros, alguna gente del litoral argentino ha estudiado cuidadosamente el tema. Hay ritmos en el litoral que son claramente de origen indígena como el chamamé y hay otros ritmos que tienen percusión afro, como el rasguido doble, que en nuestra Banda Oriental se llama el sobrepaso. En aquello de Sampayo de "Rasgueadito sobrepaso de los pueblos orientales / rudo canto de los tapes pescadores de esta banda", se nota una cadencia de milongón con raíz afro.
Churi: Nos llega el mensaje de un oyente que pregunta ¿Cómo encaja el futbol en esto?
Gonzalo Abella: No es errado establecer un vínculo entre el futbol y el Carnaval.
Churi: La participación de lo afro en todo lo relativo al Carnaval aparece en tus obras y está implícito en todo lo que has escrito sobre Artigas…
Abella: Sin duda. Artigas, dicen sus contemporáneos, conocía el corazón de sus paisanos como nadie. Eso no era por andar a caballo. Eso era porque además conocía los códigos, los valores, todos los universos mágicos en los cuales también está presente la lucha de clases; y la conciencia de los distintos sectores, que se expresa en términos simbólicos y no en los términos abstractos de quien lee a Voltaire o a Rousseau.
Hay algunas cosas interesantes en esto. En primer lugar, más allá de que en el Carnaval hay una raíz afro, hay una raíz de inmigrantes, evidente también; y hay además una raíz indígena que reaparece. No tenemos hoy tiempo de hablar de eso, yo sólo mencionaba el tema de la yuyería vinculada al gramillero)
También aparecen los ritos afroumbandistas. A veces uno se olvida de que uno ve, por ejemplo, las imágenes del "preto velho", que es el espíritu negro tan importante en quimbanda y en umbanda, que está fumando una pipa. Y el tabaco es americano, no es africano. Y muchas veces las ofrendas se hacen con cigarros.
Pero hay un elemento que a veces olvidamos, y es que el candombe es ritual religioso. Los tambores y el movimiento de los cuerpos generan la escalera energética para que el espíritu llegue. Es la “llamada” al espíritu africano; que gira por la cuerda de tambores, da un resplandor especial a la gente, (por eso sombrero con flecos, por eso máscara africana para que no se vea de afuera el resplandor del trance en el rostro del ejecutante). El candombe incorpora al gramillero que es la figura fundamental, es el anciano sanador. Por eso el hombre de pronto, en medio de la danza ritual, queda como paralítico; no es que tenga artritis sino que es el momento de la "incorporación". Se corre el riesgo de convertirse en ocupación, en posesión. Para que eso no ocurra, para que venga la incorporación del espíritu, bendiga las hierbas medicinales, proteja la comunidad y se vaya, y no se quede ocupando y poseyendo al gramillero, para eso la mama vieja, -memoria ancestral, protectora-, gira alrededor con su abanico y genera las ondas para proteger al gramillero. No es que ambos viejos estén conqueteando. Él incorpora; ella protege; es su guardiana. Entonces sí: el gramillero revive, sigue la danza y entonces la comparsa hace que los escoberos barran las malas ondas. Ahora está todo bendecido en ese trueque, en esa ofrenda que es trueque, porque es algo así como que yo te doy energía con mi tambor y el movimiento de mi cuerpo; tu me das bendición. Y entonces la comparsa termina tocando "a full". Porque al espíritu benefactor que fue llamado y ahora se va, hay que darle toda la energía posible. Porque ahora nos reconocemos mutuamente como ofrendante y ofrendado, La comparsa no termina decreciendo el tono del tambor. Termina tocando "a full".
………….
La murga sigue siendo parte de nosotros. ¿De dónde le viene a los muchachos y muchachas esa manera de moverse sobre un escenario con la cara pintada? ¿De dónde le viene a esa misma muchacha moverse así detrás de una comparsa de candombe? Gurisas de Montevideo, de pronto estudiantes de análisis de sistemas o de Ciencias de la Comunicación o etc. Y eso les viene de adentro en una forma impresionante. Incluso por un problema de identidad, eso a veces trasciende hasta las clases sociales en ese momento en que, como diría Serrat "por una noche se olvidó que cada uno es cada cual".
Lo hacemos en carnaval, pero no debemos olvidarnos siempre de que cada quien es cada cual.-
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"Y con la resaca a cuestas
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