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domingo, 8 de marzo de 2009

Crisis: de la producción, como parte de la conciencia de clase

Escrito por José Iglesias Fernández

Tenemos que comenzar a retomar la identidad de trabajadores con conciencia de clase que la hemos dejado desvanecer, y desprendernos de la identidad de consumidores sin conciencia que nos ha, primero seducido, y después, alienado y corrompido. Conseguir un nivel de vida digno, como utilizan de eslogan algunas organizaciones progresistas, e incluso de izquierdas, nunca será posible dentro del capitalismo. O acabamos con él sistema, o periódicamente tendremos que sufrir las consecuencias de sus enfermedades crónicas.

Dada esta comprensión de la naturaleza humana como la de un ser que sólo puede encontrar su perfección en el trabajo, no es extraño que el tema central de la filosofía marxiana sea la transformación del trabajo sin sentido, enajenado, del trabajo como un mero medio, en un trabajo enriquecedor, en un trabajo libre. En sus primeros escritos, llamó “actividad personal” a la realización de esta inclinación al movimiento, y cuando criticó la forma concreta de darse esta actividad en las sociedades de explotación pidió la abolición del trabajo”. En escritos posteriores estableció la diferencia entre trabajo libre y trabajo enajenado y su crítica a la alienación se expresó en su preocupación por la “emancipación del trabajo”.

Para entender la necesidad de propugnar recuperar la conciencia y la lucha de clases, hemos de entender y combatir el papel alienante de la esfera del consumo capitalista. Los ciudadanos y ciudadanas, como mano de obra asalariada, nos fuimos despolitizando, cambiando nuestra condición de trabajadores por la de consumidores compulsivos.

Por tanto, como trabajadores no nos organizamos ni tampoco nos solidarizamos por que ya no tenemos conciencia de clase. Y como consumidores no pasamos de la queja individual porque ya nos hemos convertido en una clase sin conciencia. Como trabajadores, el capital nos han precarizado la vida (contratos temporales y salarios reales en declive, aparte del aumento del número de personas paradas y empobrecidas); como consumidores, el capital nos ha vuelto a esclavizar, ya que estamos a merced de esa condición de personas precarias con o sin empleo asalariado, pero indefensas por haber aceptado una vida sin conciencia de clase.

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