Aunque ahora se diga que no, los manotones de ahogado surgieron de la mente mucho más política que científica de Néstor Kirchner.
Ocaña se convirtió en la manifestación más palmaria de la inacción del Estado, cuando dijo que “el dengue vino para quedarse”.
BUENOS AIRES.- Dicen quienes pulsan la opinión pública, que la admisión del “estamos perdiendo” parece ser la lectura que más le ha llegado a la sociedad de la escabrosa voltereta que imaginó Néstor Kirchner para sumar al gobernador Daniel Scioli y a intendentes bonaerenses a la cruzada de defensa del modelo en vigencia, haciéndolos encabezar listas legislativas con la certeza de que nunca asumirían sus bancas. Según los encuestadores, la manifestación más evidente de que alguien se siente perdidoso en una elección son sus intentos de cambiarle el foco a la opinión pública de modo permanente, como con el adelanto de la fecha de las elecciones, con el manejo del suspenso sobre su propia candidatura y, como penúltima sorpresa, con esta nueva estrategia. El que gana flota y no hace olas, sería la regla.
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