Mi patria fue Moreno, Monteagudo,
José de San Martín, Manuel Belgrano,
Hernández – combatiendo desde el llano –
y el himno, la bandera y el escudo.
La otra, de los otros, fue un juguete
armado por poderes pequeñitos:
zulemas, zulemitas y antoñitos,
y chiches, chachos, choclos y chupetes.
Mi patria del ayer fue la gestora
de un sueño federal sin corruptela,
sin farsa, sin soberbia y sin violencia.
Aquella que sentí cantando Aurora
en cada fecha patria en las escuelas
de un tiempo que partió con la decencia.
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