Cuando la Argentina tomó distancia del Fondo Monetario Internacional (FMI) -saldando sus obligaciones, sin quita de capital y de intereses- no fue la excepción:?fue sólo uno más de 10 países -desde el vecino Brasil hasta la lejana Rusia- que escogió la misma ruta de cancelación antes de tiempo. Fue el poderoso viento de cola internacional y no una conspiración tramada en conjunto lo que urdió la decisión. La formidable bonanza mundial de 2003-2007 desparramó crecimiento y abundancia de crédito y de inversiones privadas. La debilidad del dólar soltó aún más los precios de las materias primas de exportación y alimentó una acumulación de reservas sin precedentes en las arcas de las economías emergentes.
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