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miércoles, 8 de julio de 2009

AGROQUIMICOS USADOS EN LA AGRICULTURA DE SECANO

DE INTERES PARA LOS APICULTORES Carlos Bautes

Técnico Rural

Voy a trasmitir una opinión bien personal que no es, ni pretende ser, la de un espe-cialista en agroquímicos. Mi actuación profesional ha sido la investigación, el desa-rrollo y la transferencia de tecnologías en los sistemas agrícola-ganaderos del litoral. Un prolongado privilegio hasta hoy, compartido muchos años con la apicultura comercial.

No es nueva la preocupación de los apicultores sobre el efecto de los agro tóxicos usados en la agricultura sobre sus abejas. Pero hay cambios sustanciales en los sistemas de pro-ducción donde se realizan hoy la apicultura y la agricultura. La profundidad y la velo-cidad de estos cambios nos dejan, a veces, “parados” en un análisis adecuado para una generación atrás.

Hace 40 a 50 años, los apiarios coexistían con actividades agrícolas muy diversificadas por la variedad de cultivos y por la oferta florística de un pool muy importante de malezas de interés apícola. El control de malezas con herbicidas era regular o malo en los cultivos y casi inexistente en las pasturas. Debemos tener claro que la diversidad florística de malezas en cultivos y pasturas se debía en parte a la falta de desarrollo de las tecnologías de control; pero también en buena medida a la falta de estímulo al incremento del rendimiento. El negocio del trigo –cultivo estrella entonces- no era obtener rendimiento; era sembrar porque el resultado era protegido a través de los precios. Chacras de trigo, cebada o lino eran fantásticos campos de flor morada, o rábanos; o mostacillas durante la primavera.

Cuando la protección de tal negocio comenzó a disminuir, se inició el cambio de los siste-mas incorporando las pasturas en rotación con los cultivos y mejorando la fase agrícola con mejores tecnologías incluyendo el control de malezas y la fertilización. La fase ganadera se convirtió en una fuente sustitutiva de floraciones muy interesante, por las propias legu-minosas y por los enmalezamientos –especialmente cardos- que le acompañaban con pocas opciones de herbicidas específicos. Hasta aquí, no era sencillo controlar la enjam-brazón en los apiarios.

Actualmente, esa realidad es muy diferente: los apiarios se encuentran al borde de áreas homogéneas de un mismo cultivo y con un control de aquellas malezas de interés apícola muy desarrollado. Los años de enjambrazón casi incontrolable por la intensidad y cantidad de néctar, son lejanos recuerdos. Los recursos son notoriamente más limitados para las abejas, y cualquier daño químico tiene mayor impacto sobre el resultado productivo de las colmenas. La limitación de esos recursos florales fue paulatina, haciendo que la apicul-tura perdiera su enorme potencial reproductivo primero; luego apenas generó potencial de recuperación de las pérdidas normales del invierno; y finalmente la tasa reproduc-tiva no fue suficiente ni siquiera para mantener el número de colonias. Problemas pro-pios del cambio técnico en la apicultura, asociados posiblemente al mestizaje y relacionados con Varroa jacobsonii como parásito y como vector de enfermedades, aceleraron las pérdidas de colonias y de competitividad.

En los años 60 y 70, el uso de insecticidas para control de lagartas en cereales de invierno y en girasoles –especialmente de segunda- eran el principal foco de atención. Esos tratamientos se hacían aéreos porque la tecnología terrestre era muy mala. Los insecticidas usados eran organoclorados de altísima toxicidad, los cuales no están permitidos actualmente por las normas vigentes, y mataban las abejas en el campo, minimizando el riesgo de introducir los tóxicos dentro de la colmena. La abundancia de recursos florales facilitaba la recuperación de los apiarios.

Actualmente, el uso de agroquímicos es una herramienta indispensable tanto en cultivos agrícolas como en cultivos forrajeros, existiendo los activos químicos necesarios a precios competitivos. Y los cambios recientes, fundamentalmente, han colocado a la soja como un cultivo preponderante en el litoral. Pero los cambios recientes responden más a los ciclos económicos que a las consignas de marketing diarias. Tendríamos el mismo auge agrícola en Uruguay hoy aunque no existieran ni la “siembra directa”, ni el glifosato; ni la soja transgénica resistente a este herbicida. Y el control de las malezas útiles para la api-cultura seguiría existiendo igual y con las mismas consecuencias. Lo que sería diferente es el acortamiento del ciclo de auge por la disminución de los rendimientos que generaría la agricultura con laboreo.

El ciclo de auge, en nuestros suelos, expande el área sobre suelos marginales y sobre suelos de mayor riesgo de erosión, antes ocupados por pasturas. Esas áreas van a volver a ser pasturas, por decisiones de la inteligencia humana; o por decisiones inexorables de la naturaleza. Inevitablemente, los sistemas agrícola-ganaderos se desarrollarán sobre la base del manejo integral de las cuencas de escurrimiento del agua excedente de la infil-tración. Pero en esas pasturas, va a existir un mayor control de malezas que los existentes antes del ciclo actual. Lotus y tréboles volverán con las pasturas en laderas y bajos de las cuencas, pero con pocas malezas melíferas seguro.

La soja actual, tiene como característica el uso de agroquímicos para el control de malezas, plagas y enfermedades, pero a diferencia de los materiales usados en los 70, muchos de los materiales actuales son atractivos para las abejas cuando están en floración. Paradojalmente, las leguminosas forrajeras de las praderas –fuentes alternativas de néctar y pólen- son Inter.-mediarias reproductivas de algunas de las plagas que luego afectan al cultivo de soja, como chinches y lagartas barrenadoras. Entonces se hace crítico el uso de agrotóxicos, no solo por el efecto directo sobre las abejas, síno también por la contaminación con residuos en miel y pólen. Es necesario analizar la situación comenzando por tratar de tener una idea de qué estamos hablando cuando hablamos de agroquímicos en la agricultura de secano.

Los herbicidas, fungicidas, e insecticidas son los tres tipos de agroquímicos usados corrientemente en la agricultura de secano, y son clasificados por la Organización Mundial de la Salud y por el MGAP según clases de riesgo toxicológico (se accede a esta información entrando en la página del MGAP y la Dirección General de Servicios Agropecuarios): Clase 1a: Productos Sumamente Tóxicos; Clase 1b: Productos Muy Peligrosos; Clase II Productos Moderadamentes Peligrosos; Clase III: Productos Poco Peligrosos; y Grupo V: Productos que normalmente no ofrecen peligro. La escala se basa en la DL 50 Aguda (Dosis Letal Aguda en mg/kg de peso vivo para matar el 50 % de una población animal tester), y esa información aparece obligatoriamente en las etiquetas de los agroquímicos. Sin embargo, es necesario tener la información específica de toxicidad para las abejas. Pero las formas de uso pueden, también, convertirse en factores críticos para la intoxicación de las abejas.

En el Cuadro No. 1 se muestran los herbicidas de uso más corriente en la agricultura de secano, y los cultivos en que se los usa. Casi todos son caracterizado como “Moderada o Levemente Tóxicos” para las abejas, o como “No Tóxicos” para las mismas. Pero la forma de aplicación puede determinar efectos negativos sobre “el vuelo” de las abejas. Y, obvia-mente, cuando se mezclan con insecticidas se agrava el problema.

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Glifosato es el activo químico más ampliamente utilizado, no solamente en la soja resistente al mismo, en casi toda la agricultura de granos y forrajes como herramienta “preparatoria” de los barbechos para sembrar. Su importancia estratégica es ineludible porque su uso permite eliminar el laboreo y reducir la pérdida de 20 toneladas de suelo por año. Esto es doblemente extraordinario: por las bondades que se le atribuyen, y por las maldades que se le confieren.

Hay una cincuentena de registros comerciales.

Cuando vemos aplicar herbicidas en trigos y cebadas, en etapas tempranas, seguramente se trata de sulfonilureas o mezclas de éstas con 2.4 D Amina, Picloram, o Dicamba. No son toxicos por sí mismos para las abejas, pero la aplicación sobre “el vuelo” puede causar trans-tornos. Más adelante podemos hablar de las aplicaciones nocturnas.

Atrazina, Acetoclor, o Metolaclor, se utilizan en momentos en que el suelo está sin vege-tación, o en etapas muy tempranas de maiz o sorgo, cuando no hay exposición de las abejas. Lo mismo sucede con Imazaquin en maiz, o Trifluralina en Girasol. Imazethapir es un activo usado en otras épocas en soja, casi abandonado con el advenimiento de las sojas resistentes a glifosato, pero nuevamente registrado con genéricos de bajo costo en los últimos años; se aplica en etapas tempranas del cultivo y mucho antes de la floración.

Quiere decir, en principio, que con los herbicidas usados corrientemente no estamos con un alto riesgo de intoxicación. Otro es el enfoque si ponderamos el control de ma-lezas como “un daño a la producción apícola”. Este sí es un cambio estructural que debemos mirar con la cabeza bien abierta porque no tiene marcha atrás.

Pasemos a los fungicidas utilizados corrientemente para el control de enfermedades en cereales y oleaginosas. En el Cuadro No. 2 vemos que trigo, cebada y soja son los principales demandantes de fungicidas en la agricultura de secano. Los triazoles y benci-midazoles se usan en cereales desde principios de los 80; no hay registros caracterizados co-mo “tóxicos” para las abejas, y la primavera es la época de mayor uso (cuando los cultivos es-tán encañados). El gran peligro es cuando con la aplicación del fungicida se aplica un in-secticida “por las dudas” (previniendo la aparición de lagartas). Y si es “por las dudas” se aplicará algo muy barato; entonces hablaremos luego de los Piretroides que debe-rían estar prohibidos para este uso.

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En soja, como el desarrollo del cultivo, es más reciente el uso de fungicidas. Aquí se debe-ría esperar un uso creciente de los mismos por la mayor presión de inóculo de las enferme-dades y por la aparición de la roya. Las Strobilurinas son una generación más nueva de fungicidas cuyo uso se va a ampliar en los próximos años. Pero aquí tenemos el mismo caso de los cereales; si se aplican fungicidas en soja con insecticidas, el problema serán los insecticidas; pero en momentos del ciclo del cultivo donde hay floración a la cual concurren las abejas. Eso es especialmente crítico.

Ahora vamos a pasar a los insecticidas, en los cuales tenemos las principales dificul-tades reales y potenciales para las abejas… y para el hombre…

En un marco en el que se viene mejorando la oferta de productos menos agresivos para el ambiente; en que se van eliminando de los listados autorizados los más tóxicos; y en que se se está capacitando a los operadores de equipos de pulverización, es en el uso de insectici-das donde hay más dificultades a resolver. No resolverlas también es una forma de resol-ver … y significa la desaparición de la apicultura de la zona agrícola de secano. No es una hipótesis de trabajo. Es un proceso en curso.

En el Cuadro No. 3 se presentan los principales activos químicos de insecticidas utili-zados en la agricultura de secano, así como los cultivos en los que se usan.

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Vamos despacio: En las tres filas de arriba aparecen los “Piretroides”, insecticidas de amplio espectro. Son los más universalmente usados en todos los cultivos, además de nuestras viviendas.

Se mencionan Alfametrina, Cipermetrina, Deltametrina como ejemplos. Podríamos agregar unos cuántos más totalizando una treintena de registros.. Todos son tóxicos para las abejas, pero quizás su mayor peligrosidad es que son de muy amplio espectro y muy baratos (casi regalados por hectárea). Y por ser tan baratos se les ha perdido el respeto hasta en el uso doméstico (la mayoría de los insecticidas para moscas, mosquitos, cucarachas, piojos, etc.). Su mal uso multiplica la peligrosidad cuando se los mezcla con cualquier cosa “por las du-das”. Cuando se aplica glifosato y mueren las abejas, casualmente si se averigua, se sabrá que tenía un “chorrito” de Piretroides. Este es hoy el primer problema de las abejas y de los apicultores.

Los piretroides baratos y de amplio espectro matan las lagartas de los cultivos y sus predadores y parasitoides naturales. Por lo tanto, producen el efecto “rebote” de las plagas y el aumento de las aplicaciones que luego se atribuyen a la aparición de “resistencia” en los insectos. Un verdadero desastre que resulta muy barato producir.

La buena noticia es que este gran problema tiene solución disponible desde hace 23 años en Uruguay. Vean los insecticidas denominados “fisiológicos” como Triflumurón, Diflu-benzurón, y Metoxifenocide: no son tóxicos para las abejas y son clases III y V. Totalizan 8 activos y una veintena de registros. Todas las lagartas defoliadoras en trigo, cebada, soja, girasol, sorgo o maiz, se controlan con estos activos que inhiben la muda de las lagartas (como Triflumurón o Dflubenzurón) o la aceleran (como Metoxifenocide). La gran ventaja de su uso es que, además de no afectar las abejas, no destruyen el sistema de preda-dores y parasitoides de las propias plagas, con lo que se mejora el control integrado de las mismas. Dije bien: !!! hace 23 años ¡¡¡¡¡

El primer comercial de Diflubenzurón ingresó al mercado uruguayo en 1986. Al año siguien-te apareció el primer Triflumurón. Desde entonces, el control de lagartas en cereales y girasol con estos activos ha sido exitoso. Actualmente, una gran cantidad de productos genéricos compitiendo, han hecho accesible el costo como alternativa frente a los Piretroides, sin llegar a los valores irrisorios de éstos.

El desarrollo explosivo del área de soja puso en jaque la tecnología de control de plagas, por las propias características agronómicas del cultivo, y por la diversidad de plagas que lo atacan. Las lagartas defoliadoras se pueden controlar sin dificultad con los insecticidas Fisio-lógicos recién comentados, con ventajas notorias por el mantenimiento del sistema de preda-dores y parasitoides activo.

La lagarta “barrenadora de brotes”, o Epinotia, de la soja puede generar dificultades en algunas circunstancias que obliguen al uso de Clorpirifós (poco crecimiento por seca). Este insecticida es tóxico para las abejas; pero como contraparte hemos obser-vado una ràpida recuperación de las poblaciones de predadores y parasitoides. Existe una veintena de registros. Igualmente, hay una ventana de uso que requiere especial aten-ción por los agricultores y apicultores, tomando las precauciones al efecto. La aplicación nocturna es una herramienta de gran potencial para lograr un mejor efecto del insecticida sin dañar las abejas. En los últimos años, debido a la sequía y a la disminución del área de praderas, ha bajado notoriamente la presión de la “lagarta barrenadora”.

El segundo gran problema de los apicultores, en mi criterio, es el control de las chin-ches de la soja. Esta plaga aparece en estadios reproductivos (desde floración en ade-lante) y tiene un alto potencial de daño.

Desde que, felizmente, se prohibió el uso de insecticidas sistémicos como Monorotofós (y luego Metamidofós) de alta toxicidad, el control de chinches se venía haciendo con Endosul-fán. Este activo es un organoclorado de clase toxicológica II, del cual se ha reglamentado su uso limitando la cantidad máxima de activo por hectárea/año.. Tiene la característica de ser moderadamente tóxico para las abejas, dejando de serlo cuando la hoja se ha secado, y per-mitiendo una rápida recomposición de la población de predatores y parasitoides como en el caso de Clorpirifós. Controla bien las chinches adultas, pero mal los estadios juveniles de las mismas (ninfas). Por esta causa, se lo mezcla con Piretroides de amplio espectro; tóxicos para las abejas y para los parasitoides y predadores de las plagas. Hay una veintena de re-gistros.

Este segundo gran problema no está solucionado y en él hay que invertir los mayores esfuerzos. La aplicación nocturna hoy es una tecnología disponible gracias a las herra-mientas de posicionamiento satelital, pero ni siquiera es excluyente para los equipos que no la tienen porque a esa altura ya están marcadas las huellas de aplicación.

Actualmente hay registros de insecticidas para el control de chinches como Thiametoxan e Imidacloprid, de acción sistémica pero que son tóxicos para las abejas. Algunos de ellos vie-nen en mezclas con Piretroides, para hacer más competitivo su costo, y se había pensado que eran la alternativa frente a Endosulfán. Totalizan una decena de registros solos o en mez-clas. El efecto sistémico residual, en momentos de intensa actividad de abejas, hace pensar que el remedio puede terminar siendo peor que la enfermedad, por el riesgo de contaminación de mieles y pólen.

Finalmente, mencionaremos Fipronil. Definitivamente tóxico para las abejas y de uso, especialmente, en pasturas. No es sistémico pero tiene una alta residualidad en las superficies en que se aplica. Cobró notoriedad por su uso en la emergencia de las “tucuras”

en pasturas en el centro del país. Pero en la agricultura su uso más generalizado fue el control de hormigas. Hay una quincena de registros.

No quiero excederme en los contenidos de la charla y el tiempo estimado. Pero el uso de agroquímicos, o agrotóxicos sin eufemismos, es un tema de responsabilidad de todos: de los agricultores; de los apicultores; de las aplicadores, de los técnicos; y de toda la comunidad que comparte este único hábitat.

Pero hay TRES COSAS AL ALCANCE DE LA MANO HOY PARA MEJORAR Y LAS TRES DEPENDEN DE QUERER TOMAR LAS DECISIONES:

PRIMERA COSA:

El uso de Piretroides para el control de lagartas es el principal problema de la apicultura desde setiembre a fines de enero (plena temporada de las colmenas). Hay activos químicos alternativos con cero daño a las abejas y a los parasitoides y predadores de las lagartas. Hay que decidir…. ¡!!No hay que inventar nada… ¡¡¡¡


SEGUNDA COSA:

El control de chinches en soja –fines de enero a fines de abril- no tiene alternativas no tóxicas hoy para las abejas. Las que sustituirán a Endosulfán resultarían peores para la colmena por su acción sistémica y sus mezclas con Piretroides. Hay que decidir respecto a su manejo… pero pronto…. El proceso de desaparición de la apicultura no es una hipótesis…. Está en curso …..


TERCERA COSA:

Las tecnologías de aplicación nocturna son hoy totalmente accesibles y mejoran notoriamente la eficiencia del propio control, bajando drásticamente el riesgo directo de intoxicación de las abejas en vuelo. …… Se puede decidir al respecto también…. ¡!No cuestan más y son mejores… ¡¡¡


Paysandú, 27 de Junio de 2009. Jornada Técnica