El mercado capitalista, por supuesto, no exige gente que se maneje con las personas de una forma ruda, pero las maneras del jefe no son el tema central de la historia; el asunto es que el mercado sí exige a gente que maneje a la gente, que les manipule en un cierto sentido... Los negocios consisten, entre otras cosas, en gente que trata a otra gente según una norma del mercado -la norma que dice que serán despedidos si no pueden producir a un nivel que satisfaga la exigencia del mercado-. Por supuesto que fomenta la “eficiencia”, pero también corrompe la humanidad. Los negocios convierten a los productores humanos en mercancías. Pero tampoco salva a los patrones, “pues ¿de qué sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma” (Marcos 8, 36).
Gerald A. Cohen, Si eres igualitarista, ¿cómo es que eres tan rico?
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