¿Sólo fue una apertura hacia ninguna parte? ¿O fue el gesto desesperado de un gobierno que advirtió que los opositores se aprestaban a cogobernar? Lo cierto es que los dos hombres que conservan el poder de la administración, Néstor Kirchner y Julio De Vido, entienden muy poco de diálogo y de concesiones, aun cuando el ministro sea más conversador que el ex presidente. Los dos creen que la fuerza puede hacer las veces de la razón. Sólo esa particular concepción de la política y el protagónico rol que tiene De Vido en las últimas horas explican, por ejemplo, que Hugo Moyano haya conquistado parcelas importantes de poder, a pesar de atravesar el momento de mayor debilidad como líder de la CGT.
Todo se resuelve entre ellos. Ningún gobernador recibió ofrecimientos para ocupar cargos en el gabinete. Al chaqueño Jorge Capitanich le dijeron que le iban a decir algo que nunca le dijeron. El salteño Juan Manuel Urtubey está cada vez más lejos de los Kirchner, ofendido por la oscilante actitud del matrimonio presidencial en la política provincial. El sanjuanino José Luis Gioja fue el primer gobernador que hizo campaña en su provincia y se olvidó de los Kirchner. Legisladores oficialistas aseguraban que los tres gobernadores recibieron propuestas para sumarse al gabinete de Cristina Kirchner. No fue así.
Por Joaquín Morales Solá
La Nación-Leer
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