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martes, 18 de agosto de 2009

Las autonomías chinas, de la exaltación al conflicto



La univocidad ha sido la característica predominante en la manera de abordar el conflicto registrado el 5 de julio en Urumqi por parte de la dirección china. Las declaraciones oficiales han abundado en la perversidad, alevosía, ensañamiento y mala fe de los terroristas uigures que han alterado la paz étnica en la región y en el país, con consecuencias que han trascendido sus propias fronteras, así como en la celebrada capacidad reactiva de las autoridades a la hora de controlar la situación y garantizar la seguridad de personas y bienes.

En ese contexto de unanimidades, han sorprendido las declaraciones de un próximo a Hu Jintao, el secretario del PCCh en Guangdong, Wang Yang, quien ha puesto el dedo en la llaga al señalar el 30 de julio pasado que “la gestión de los problemas de las nacionalidades minoritarias debe mejorarse si no queremos tener nuevos problemas”, lo que supone toda una invitación a la siempre sana autocrítica constructiva. Y es que la complejidad natural de estos problemas exige eludir aquellas simplificaciones que en lo inmediato pueden ser útiles para la propaganda, pero que poco pueden contribuir a resolver los conflictos cuando estos se encaran desde la rigidez.

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