Fueron compañeros en primer grado –inferior- en el colegio Olmos. En 1956, volvieron a verse cuando López resultó electo delegado general de la CATA y candidato a secretario general de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). La dictadura de Aramburu hacía estragos con las conquistas sociales y políticas logradas por los trabajadores durante el gobierno peronista. Intervino gremios, puso presos a dirigentes de primera línea y los proscribió.
Los trabajadores organizados le opusieron una férrea resistencia y la primera CGT regional recuperada fue la de Córdoba, en 1957. En la Unión Obrera Molinera, se eligió al consejo directivo integrado por Atilio López, como secretario general; Fortunato González, secretario adjunto; Miguel Aspitia, secretario gremial, y Lucio Garzón Maceda, secretario de prensa. “A partir de ese momento tuvimos una relación más activa”, recuerda quien fuera además abogado laboral del gremio hasta 1972. “López fue decisivo para que Torres y Tosco pudieran caminar juntos en ese periodo. Fue una bisagra”, sostiene mientras enciende un Parisiens tras otro.
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