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La política democrática puede entenderse como la construcción del pueblo. En términos de Rancière, el lugar en que el número, el reflejo de una sociedad igual a sí misma, se transforma y asume la formulación de un nosotros, incontable, sobredeterminado, que excede la estadística para reclamar derechos, visiones, trayectorias, futuro, para sí (o para todos) en nombre de todos. Un sujeto que se constituye a partir de la enunciación. La posibilidad de enunciar es central.
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