“…los procesos de unidad más genuinos responden siempre a las iniciativas de las bases y no de las superestructuras”. Miguel Mazzeo, El sueño de una cosa (Introducción al Poder Popular).
Una preocupación constante de los revolucionarios a escala mundial es hallar la manera de enrumbar al pueblo hacia cambios radicales que impliquen el abandono definitivo de los patrones de conducta que rigieron su vida hasta entonces, máxime si tales cambios suponen la puesta en práctica del socialismo, por lo que comúnmente ocurre que, ante las necesidades materiales inmediatas de este mismo pueblo, se adopten medidas que prolongarán la vigencia del viejo Estado y las relaciones de producción capitalistas que debieran abolirse en un tiempo perentorio. Aún admitiendo esta última realidad, es preciso que la dirigencia revolucionaria -convertida en vanguardia legitimada por los sectores populares- más que quienes detenten los diferentes cargos de gobierno, articulen esfuerzos dirigidos a impulsar y a fortalecer las instancias organizativas del poder popular, de modo que éste pase a asumir -sin ningún tipo de dependencia estatal- funciones de autogobierno, con lo cual el desmontaje y la deslegitimación de las estructuras seculares del capitalismo y de su sistema político representativo sean una situación sin vuelta atrás, generándose nuevas relaciones sociales y un modelo civilizatorio de otro tipo.
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