Helene Cooper, Michael Wines y David Sanger
The New York Times
WASHINGTON. Al iniciar hoy su primera visita oficial a China, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, adoptará en más de un sentido el papel de un despilfarrador que viene a rendir tributo a su banquero.
La cruda realidad de que China es el principal prestamista extranjero que tienen los norteamericanos ha modificado esencialmente la relación entre Estados Unidos y el único país con chances razonables de disputarle su estatus de única superpotencia mundial.
El resultado: a diferencia de sus predecesores, que presionaban públicamente a China a seguir el modelo occidental y a abrirse política y económicamente, Obama dedicará menos tiempo a exhortar a Pekín y más tiempo a tratar de darle garantías.
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