Francisco Sabaté Llopart, alias 'Quico', vivía exiliado en Francia y hacía incursiones a Cataluña para demostrar que la lucha armada tenía sentido. Su leyenda de guerrillero antifranquista llegó hasta Hollywood. Murió a tiros hace justo medio siglo.Tal era su fama que le bastaba con decir "¡Quietos, soy el Quico!" para que en aquella reprimida Barcelona de los años cincuenta todos le obedecieran: civiles, militares, policías, serenos. Nadie osaba enfrentarse a Sabaté. Sabían del aplomo y decisión con que acometía sus acciones. Desde su primera incursión en 1945, cada vez que llegaba desde Francia a la capital catalana se extendía de inmediato el rumor en esa sociedad que se informaba sólo con rumores: "¡El Sabaté está en Barcelona, le han visto!".
Francisco, Quico, Sabaté Llopart, máximo exponente de la guerrilla urbana anarquista, emprendió su última incursión en España veinte años después del fin de la Guerra Civil, el mismo día en que Eisenhower aterrizaba en Madrid para bendecir, a los ojos del mundo, el régimen dictatorial del general Franco: el 21 de diciembre de 1959. Poco le importaban a Sabaté los cambios que, cabía esperar, se iban a producir en España tras la visita del presidente norteamericano, él seguía empeñado en la acción armada, fiel al principio de no dar tregua al franquismo. Sabaté nunca se dejó regir por las leyes que, generalmente, acata la colectividad y siempre luchó por su cuenta y con sus medios. Sufrió persecución (y cárcel) en la II República, en la dictadura franquista, en la Francia ocupada, en la liberada, e incluso fue repudiado por algunos compañeros de la CNT: "Desaprensivos que intentan difamar nuestra conducta llamándonos atracadores y malhechores, lo mismo que hace el enemigo franquista", denunció él mismo ante la CNT-FAI.
Indymedia-Leer
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