
Nuestro camarada está en la sombra, de nosotros depende que no esté silente.
El siglo XXI ha llegado como se fue el XX, y su primera década terminará parecido: los bisturíes cada vez más afilados, haciendo el trabajo cada vez más limpio. Porque vivimos en esos tiempos, en los tiempos del bisturí. En los tiempos de la asepsia, de la higiene, de la limpieza. Y así nos cortan, así recortan nuestros derechos, la voz, el pensamiento: primero la anestesia, el bisturí desinfectado después. Todo limpio, sin daño aparente.
La Edad Media fue tiempo de el hacha en Europa. Después llegaron los tiempos de la guillotina. Tanto en uno como en otro, la sangre estaba a la vista. Junto con los derechos se cortaban también las cabezas, en la plaza, ante la gente, sin vergüenza, con la arrogancia del poder absoluto, con insolencia. Pero en el siglo XIX derramar sangre empezó a ser antiestético, contrario a la moral de los nuevos amos. Hoy día, el mismo enfermar, y aún más el morir, es obsceno, no está bien visto. Por lo tanto, los enfermos, y más aún los muertos, deben guardarse escondidos. O enseñarlos en la televisión, pero si es posible, los lejanos, en los pueblos en los que ser feo es lícito, por ejemplo en Etiopía o en Sudán. En nuestra sociedad todo se necesita higiénico, saludable, robusto.... Segi...
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