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domingo, 7 de febrero de 2010

Plata dulce o crecimiento - Mario Alarcón Muñiz

El problema del Banco Central parece superado luego de los episodios de la última semana. Por unos días se prolongará en polémicas, pero más allá de controversias y detalles, la situación se ha encarrilado por las vías institucionales, de las que nunca se la debió apartar. Obsérvese que el resultado es el mismo que se había propuesto el gobierno al comenzar el año: separar de la conducción del BC al ortodoxo Martín Redrado para suplantarlo por alguien más flexible o más allegado al poder. Y lo consiguió mediante las vías legales, esas que la Presidenta caracterizó en su discurso del miércoles último como “excesivo ritualismo”, olvidándose de una de las máximas de Perón (“dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”) y de su propio mensaje de asunción del mando el 10 de diciembre de 2007, cuando se comprometió a “fortalecer las instituciones”.
Mientras tanto, esa peligrosa tendencia a confundir la ley con un ritual, provocó un mes de tensiones, enfrentamientos, discusiones y desprestigio internacional. Para llegar a lo mismo ¿era necesario tanto zafarrancho? ¿No hubiese sido más saludable y menos desgastante plantear la cuestión dentro del marco institucional, como finalmente se hizo? No es la primera vez que esto sucede y es probable que no sea la última, porque los hechos cotidianos muestran a un gobierno reticente a dialogar y cambiar opiniones. Su verdad es la única y quien manifiesta alguna disidencia es enemigo y encima destituyente.

El Diario-7/2-Leer