Escapemos por un instante del marketing con que los intelectuales K dotan de contenido épico cada acierto u error del matrimonio presidencial: que Néstor se dio cuenta de que el golden boy no podía ser reconvertido para el campo “nacional y popular”; que Boudou no logró imponer a otro neoliberal como Mario Blejer; que finalmente Cristina ubicó las cosas en su lugar al designar a Mercedes, una economista desarrollista, “progresista convencida”, que comulga con el modelo productivo y combate a los “reaccionarios” que defienden la autonomía del Banco Central.
Una anécdota sirve para derribar ciertos prejuicios ideológicos; el mundo binario de los exégetas de Néstor. Entre septiembre y octubre de 2008, tiempos en que la crisis internacional asomaba peligrosamente en el horizonte, se acentuaba la fuga de capitales y Brasil devaluaba fuerte el real, el ex jefe de Gabinete, Sergio Massa, encabezó una mesa de coordinación económica integrada por Martín Redrado, entonces titular del Central; Mercedes Marcó del Pont, titular del Banco Nación; el ministro silente Carlos Fernández; el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, y Amado Boudou, en aquel momento director de la ANSES y hombre de confianza de Massa en temas económicos.
En varios de esos encuentros se debatió cómo llevar el dólar hacia arriba (cómo devaluar el peso, entre el 15 y el 20%), para acomodar la política cambiaria al nuevo escenario internacional, minimizar la pérdida de reservas del Central y amortiguar el impacto de la crisis sobre el empleo.
Marcó del Pont sostenía que era necesario apurar la devaluación, con un overshooting (en la jerga técnica): dejar que el dólar subiera de golpe, para luego estabilizarlo, con una venta masiva del Central, 10 o 15 centavos más abajo, castigando a los especuladores. Decía que la política de minidevaluaciones diarias implicaba entregar reservas baratas (a 3,15, a 3,20, a 3,25, etc.) a empresas, bancos y particulares de alto poder adquisitivo. A la vez que les garantizaba una apuesta segura: el dólar siempre subía, sin riesgo de que cayera. Una redistribución de ingresos –con las reservas del Central– hacia los más acaudalados. Como consignó este diario en aquellos días, detrás de esa posición se encolumnaban Boudou y todos los funcionarios “progres” del área económica del kirchnerismo.
Crítica-7/2-Leer
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