Es una historia de túneles. De túneles secretos, como los que se enmarañan para formar una red de galerías subterráneas que minan los deseos de misterio y edifican una mitología urbana. Los cimientos de su escondida existencia son los cimientos de una historia grande, que tuvo lugar aquí, en Paraná, hace casi un siglo y medio.
El túnel no es tal, pero sí es secreto. Sus dueños, al día de hoy, ocultan su existencia por miedo a que el Estado pretenda expropiarlo, acaso atribuyéndole mayor crédito de celo cultural a quienes tengan facultad para disponer una compra forzosa y poner en valor el histórico lugar.
Se trata, para ser exacto, de un lugar bajo la superficie de una propiedad privada pero casi a las puertas del recoleto edificio donde el Estado entrerriano atiende detrás de un escritorio. En efecto, a metros de la Casa de Gobierno, un abovedado sótano testimonia un tiempo en que los espacios subterráneos eran tan comunes como las heladeras eléctricas lo son hoy en cualquier casa.
No hay tesoro escondido, ni piezas de esqueletos dispersos, ni objeto alguno que despierte el interés, excepto dos imponentes hornos centenarios. No hay que forzar ninguna historia de ocultamiento subterráneo, ni leyendas épicas de fugas para que el espacio concentre una buena historia. Se trata de los vestigios de una vieja panadería, pero de algo más relevante aún: el espacio secreto del que hablamos fue la primera cooperativa argentina de la que se tiene registro y está en Paraná. Algunos rastreadores del pasado no dudan en catalogarla como la primera cooperativa latinoamericana en su tipo.
PRECURSORA. Bajo tierra y escondida de la mirada colectiva, el sótano de la histórica Panadería del Pueblo se mantiene inalterable al paso del tiempo, como testimonio material de una experiencia de organización social que dio sus frutos y abrió el camino al cooperativismo en todo el país. Ya funcionaba en 1855 como una asociación de trabajo y producción, y en torno de ella giraban nombres que hoy bautizan calles y espacios públicos. El primer tesorero fue Felipe Baucis, y estuvo integrada —entre otros— por Mariano Zubiaur, José Maciá y Gregorio Fernández de la Puente. Un homenaje a éste último, precisamente, impone el nombre a la calle que corre frente a la Casa de Gobierno, a metros de lo que fue la panadería cooperativa que él mismo integró.
Jorge Riani-El Diario-14/3-Leer
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