El poeta Alfonso Romano de Sant’ana y el premio Nobel de literatura el portugués José Saramago, hicieron, en base a la ceguera, severas críticas a la sociedad actual construida sobre una visión reduccionista de la realidad. Demostraron así que hay muchos presuntos videntes que son ciegos y algunos ciegos que son videntes.
Hoy se pregona pomposamente que vivimos en la sociedad del conocimiento, una especie de nueva era de las luces. Y efectivamente así es. Cada vez conocemos más sobre cada vez menos. El saber de un año es mayor que todo el saber acumulado en los últimos 40 mil años, Si eso, por una parte, nos aporta innegables beneficios, por otra nos vuelve ignorantes en muchas dimensiones colocándonos escamas en los ojos que nos impiden ver la totalidad.
Lo que hoy está en juego es la totalidad del destino humano y el futuro de la biósfera. Estamos pavimentando, objetivamente un camino que nos puede conducir al abismo. ¿Porqué ni la mayoría de los especialistas ni los jefes de Estado, ni los grandes medios que pretenden proyectar los posibles escenarios futuros no ven esta brutal situación? Simplemente porque la mayoría de ellos se hallan enclaustrados en sus saberes específicos en los cuales son muy competentes pero que por eso mismo, se vuelven ciegos ante los acuciantes problemas globales.
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