La crisis financiera está poniendo en cuestión el “orden” mundial existente. La debilidad de EEUU, el marcado descenso de su poder –duro, o sea militar, y blando, es decir, diplomático- está siendo aprovechado por China para iniciar un cambio en la geopolítica internacional. Si bien no se puede decir, aún, que China está ocupando el lugar que antaño tuvo la Unión Soviética como superpotencia, sí se puede afirmar sin el menor margen de duda que China ha decidido dar un puñetazo encima de la mesa y jugar un papel más enérgico, protagonista, en la política internacional.
China no tenía previsto realizar un gesto de esta envergadura hasta el año 2027 (1), fecha para la que considera habrá alcanzado la paridad estratégica en todos los aspectos (políticos, económicos y militares) con EEUU. Para ello, ha venido tejiendo una cautelosa red de influencia en todo el mundo -África, Asia, América Latina- a través de lo que los académicos chinos denominan “el consenso de Pekín” y que no es otra cosa que la puesta en práctica de un modelo político y diplomático que prefiere desarrollar el “poder blando” –diplomacia, no injerencia y multipolaridad- en contraposición al modelo tradicional estadounidense de intervención militar, unipolaridad e interferencia política.
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