Sus padres habían decidido ponerle al frente del negocio familiar pero usted prefirió marcharse a estudiar en París por sus propios medios...
Sí. El director del centro de Baiona donde yo había estudiado me encontró un plaza de supervisora en un liceo. Entonces me marché. Acababa de cumplir los 21 años, había esperado justo hasta la mayoría de edad...
Para entonces ya se había licenciado en Derecho, ¿no es así?
Sí, a los 19 años. En París un profesor me alquiló una habitación y me inscribí en Estudios Superiores sobre Derecho Privado e Historia del Derecho. El tercer año me inscribí en Ciencias Políticas, pero encontré a mi futuro marido [risas]...
¿Tuvo tiempo para conocer la vida bohemia de la época?
Sí, también... Yo no quería seguir en aquella habitación alquilada porque no me dejaban salir por la noche -por mis padres-, pero a mí me gustaba salir. En la misma casa había un matrimonio que alquilaba la buhardilla; era sin calefacción, sin nada, pero me fui allá muy contenta. Salía por el barrio Saint-Germain, que estaba de moda entonces. Conocí al escritor Boris Vian, a la cantante Juliette Greco... Nos encontrábamos en los locales donde había espectáculos de artistas que empezaban sus carreras. Me gustaba mucho ese ambiente. Eran los años 1958 y 59. Como pasaba los exámenes muy bien, mi padres me perdonaron...
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