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martes, 13 de abril de 2010

Otra mirada sobre Garibaldi

Ay Garibaldi

SAL SI PUEDES


Una opinión del otro lado

mientras rediscutimos la vida de Giusseppe Garibaldi




En 1841, Garibaldi está guerreando en nuestro Río Paraná al servicio del gobierno colorado uruguayo de Fructuoso Rivera. Era un militar italiano, liberal y masón, que allá buscaba la unidad y acá peleaba a favor de los traidores y de la división pro imperial. Lo aventurero no quita lo político: la aventura garibaldiana es parte del contradictorio y cambalachesco derrotero de la ideología liberal histórica-real en Europa y en Nuestra América (el liberalismo histórico es el verdadero liberalismo, en el marco del capitalismo histórico y real). Venía de servir al muy interesante, pero no menos contradictorio proyecto de la República confederal de Río Grande do Sul, pero no duró mucho allí y se puso después a las órdenes de don Frutos Rivera en la divinamente puta y desgraciada Montevideo.


Ese Rivera gobernante de la novel república uruguaya tapón había sido el que traicionó y quebró a la Liga Federal artiguista al pasarse al bando de la invasión portuguesa a “su” Banda Oriental en el fatídico año de 1820 (Ramírez y cía completaron la traición), con la garantía de ser miserablemente el jefe político y militar de la infame Provincia Cisplatina. Ese Rivera era el que se cruzaba cartas con Ramírez diciendo que a Artigas había que matarlo. Tiempo después, no dudó en cambiarse de bando en Uruguay, si el bando en el fondo no era un cambio de fondo, y pasó a gobernar -en medio de una guerra civil estrecha- el estado tapón.


Pero eso no es todo, lo peor de las infamias estaba por venir: Rivera va a ejecutar en 1831 la Masacre de Salsipuedes, asesinando cobardemente y a traición a nuestros hermanos charrúas. Así se iniciaba la construcción, como en Argentina y en todos lados, del estado- “nación” capitalista uruguayo periférico y “moderno”.


A ese gobernante colorado uruguayo sirvió Garibaldi, el aventurero liberal europeo. Yo propondría también cambiar el nombre “Garibaldi” que lleva una linda plaza de Paraná. Rosistas, garibaldianos y riveristas ensuciaron nuestro Paraná con su guerra política -que no era otra cosa que una interna oligárquica rioplatense- y lo mancharon de sangre.


Salió como pudo Garibaldi de lo que quedaba de su nave: la política liberal era y es siempre un sal si puedes.


Mauricio Castaldo

mauriciocastaldo@gmail.com