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Red Nacional de Medios Alternativos

martes, 10 de mayo de 2011

Cooperativismo socialista y emancipación humana

La historia de la lucha de clases rezuma reflexiones y experiencias en las que el cooperativismo socialista aparece como una fuerza emancipadora pero muy perseguida.

Nota: esta ponencia ha sido publicada en el libro “Cooperativas y socialismo. Una mirada desde Cuba”, compilado por Camila Piñeiro Harnecker.

1. AUTOGÉNESIS HUMANA Y COOPERACION SOCIAL

2. COOPERATIVISMO BOLCHEVIQUE

3. UTOPIAS E IMAGINARIO ANTIIMPERIALISTA

4. OCUPACIÓN, COOPERACIÓN Y PODER DE CLASE

5. AUTOGESTIÓN, PODER Y SOCIALISMO

6. AUTOGESTIÓN, DETERMINISMO Y COMUNISMO

7. ALIENACION, MIEDO Y ANTICIPACION COMUNISTA

8. REVOLUCIÓN CULTURAL Y RELACIONES COMUNISTAS

1. AUTOGÉNESIS HUMANA Y COOPERACION SOCIAL

¿Por qué Lenin optó por el cooperativismo desde el inicio de su vida revolucionaria y fortaleció esta convicción desde el inicio de la revolución bolchevique e insistió cada vez más en este sistema como una de las soluciones definitivas para avanzar al socialismo? Por dos razones estrechamente unidas. La primera, porque asumía la teoría marxista sobre el cooperativismo de producción y de consumo como uno de los métodos de avance al socialismo, método opuesto a la opción reformista del cooperativismo solamente de consumo, o solamente de producción, y siempre dentro de la dictadura del mercado burgués. Para Marx y Engels la autogénesis humana, o sea, que nuestra especie se crease a sí misma mediante el trabajo social, era una de las bases del materialismo histórico desde sus inicios, aunque advirtieron que esa autoconstrucción estaba rota internamente por el surgimiento de la propiedad privada ([1]). Bien pronto avisaron de que la escisión social abría la posibilidad de la autodestrucción de las clases en lucha ([2]) de no triunfar la revolución, aviso que entonces produciría risa pero que ahora está al borde de ser una tragedia.

La deriva de la autogénesis a la autodestrucción responde al irracionalismo de la propiedad privada que destroza lo esencial de la especie, la cooperación entre productores asociados que recorre la historia humana, al rebajarla a simple disciplina militar burguesa ([3]). La acumulación originaria de capital lleva el saqueo y expolio de la propiedad comunal y colectiva a sus expresiones más terroristas ([4]), originando resistencias desesperadas de los pueblos precapitalistas basada en la solidez de sus relaciones comunales, y que Marx definió “sistemas nacionales de producción precapitalista”([5]). Su admiración hacia estas luchas no le impedía admirar a las de los trabajadores occidentales, y a sus experiencias cooperativistas vistas como “primera brecha” ([6]) en el sistema de explotación a pesar de sus limitaciones muy comprensibles.

En la Comuna de París de 1871 Marx confirma la dialéctica entre cooperación, poder comunal, cooperativismo y comunismo: “Los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta que la imposibilidad de que el actual sistema continúe –y no son pocos– se ha erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo «realizable»?”([7]).

La Haine-10/5-Leer



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