ANRED

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Red Nacional de Medios Alternativos

domingo, 15 de mayo de 2011

¿Solidaridad? M'hijo el doctor vive en Cuba

-Los límites de la imposible república posible-


He desbaratado lo que no me dieron, que era todo lo que tenía”

ALEJANDRA PIZARNIK

RECUERDOS DE LA PEQUEÑA CASA DEL CANTO, en
Textos de Sombra



...Algunos razonan, con la agudeza del cinismo,

que con este Parlamento y esta oposición

la república kirchnerista es la república posible...”

BEATRIZ SARLO

Bajo el signo del kirchnerismo

La Nación, 30/4/2011


...El modelo excesivamente centralizado que caracteriza actualmente

nuestra economía deberá transitar, con orden y disciplina y con

la participación de los trabajadores, hacia un sistema

descentralizado...”

RAUL CASTRO

Informe Central al VIº Congreso del PCC



CAPITAL Y TRABAJO


La Presidenta del Estado Argentino se sumó en estos días, y con un reclamo disfónico, a tantos que han hablado en contra de las luchas gremiales y populares a través de nuestra historia. Dijo públicamente que quiere “sindicatos solidarios con todos los argentinos”, porque “cuando a una organización sindical le importa sólo lo que le pasa a sus afiliados y toma actitudes que terminan perjudicando al conjunto de la sociedad deja de ser un sindicato para transformarse en una corporación”.


Se impone entonces pensar y discutir democráticamente muchas cosas, por ejemplo que entiende Cristina Fernández -como otros- por solidaridad, por sindicato, por “conjunto de la sociedad” y por corporación, entre otras cosas, y debatirlo a fondo todos, sin hacer la del avestruz, porque muchos se preguntaron inexplicablemente “a quién iba dirigido el discurso” presidencial. En definitiva, se impone pensar, cada uno y todos, que entendemos por política.


El marco, el contexto, en el que se inserta y se detiene el discurso de Cristina, nos muestra más que nunca sus límites políticos e ideológicos. El discurso político de la presidenta patentiza y con mucha claridad, los límites ideológicos del progresismo y de la narración nacional y popular -¿y de la democracia instituída también?- en un momento electoral. Cristina habla -aunque no quiera reconocerlo explícitamente- angustiosamente en medio del aumento de la pobreza, de las desigualdades y de los conflictos sociales a causa del ajuste por inflación y de la difícil política disciplinaria gubernamental que intenta contenerlos como sea, en el marco de lo muy poco posible establecido por el poder, del que gobierno es parte.


La operación política, ideológica y comunicativa del discurso presidencial es lamentable: nos muestra los límites de la república posible, de la imposible república posible. Simplifica y oscurece, poniendo sus palabras al servicio de la conservación del orden instituído, todas las luchas gremiales y sociales -que son y serán tantas- definiéndolas como corporativas y diciendo que, en teoría (¿y en algún sueño?) no quiere “ni explotación ni extorsión”. Es tan inaceptable y antidemocrático poner a todas las luchas gremiales y populares como corporativas y peor, como extorsivas, como embarrar más la idea y dejar a las luchas de abajo en el mismo renglón dirigido supuestamente a los de arriba cuando se habla de “no querer explotación (ni tampoco “extorsión”)”. No se puede poner a un soberano corte popular de calle fundante de futuro en la misma línea negativa de la explotación. Son los cortes y las luchas los que buscan superar en serio la explotación, y sólo son mediáticamente “extorsión” para aquellas fracciones del poder que no quieren resolver de fondo la injusticia de la explotación social en todos sus órdenes. En Bolivia, por ejemplo, el propio Evo Morales supo dar un paso atrás frente a la movilización popular reconociendo que lo justo y lo realmente democrático es “mandar obedeciendo” si lo que se impulsa de verdad es la transformación social.



UNA SÓLA CLASE DE HOMBRES


Es inaceptable y antidemocrática la estrechez política presidencial de poner en el mismo renglón a los Rocca, a los Grobo, a Urquía, al Club de París, Barrick Gold y los empresarios chinos, a Amado Boudou, a Moyano y a Pedraza con Maxi y Darío, Teresa Rodríguez, Romina, Eloísa, Jose Daniel, Pocho Lepratti, Carlos Fuentealba, los compañeros y hermanos quom, Mariano Ferreyra, las asambleas ciudadanas y la extraordinaria lucha de los compañeros docentes de Santa Cruz. Es una ofensa más a las luchas populares. Y mucho más, insistimos, cuando las luchas populares en la calle son las que fundan derechos y esperanzas frente a una estructura estatal y política corrompida y putrefacta.


Nosotros sabemos, por lo demás y aunque la presidenta quiera jugar a las escondidas semiológicas, que detrás del concepto de “afiliados” a los sindicatos hay trabajadores, y que es la clase trabajadora en lucha la que ha fundado solidariamente los derechos sociales, desde el SXIX hasta hoy. Dejar de mirar a los trabajadores como trabajadores y tomarlos sólo como “afiliados” es el límite de siempre del populismo y del liberalismo, que gustan decir que el primer trabajador fué un político o un militar. Es la CTA la que propuso solidariamente hace mucho tiempo un Frente Nacional contra la Pobreza y una asignación por hijo, que todavía no es universal ni es parte de una auténtica política de transformación social. Son las luchas sociales las que reclaman, entre tantas cosas, el 82% móvil para todos los trabajadores jubilados.


La presidenta nos ratifica -en su particular y provocadora interpretación de aquel principio de justicia y distribución propuesto por John Rawls- que su concepción de la política es la de una gestión de lo que hay, una gestión de lo posible, de lo poco posible que establecen las elites del poder -está claro que para el progresismo nacional la primacía de la política es una primacía de lo poco posible, de lo poquito y nada-. Y nos avisa que no le interesa pensar una política de transformación, como plantean las movilizaciones populares, y como planteará la CTA con su paro nacional del 8 de junio. Las luchas políticas y sociales con horizonte transformador -tan difíciles de potenciar por cierto- las intenta oscurecer poniendo por delante el espectro corporativo de sus propios socios políticos de la CGT. ¿Que podemos decir entonces nosotros cuando un gobierno, otro gobierno más, o un frente político defiende solamente sus intereses y los intereses de los poderosos, instituídos en el discurso de lo posible?.




DEL PLAN SOCIAL A MI HIJO EL DOCTOR


Los trabajadores, los pobres y el pueblo tienen derecho a ir más allá de un plan social y de un salario atacado por la inflación de precios y por las especulaciones patronales, políticas y monopólicas -que son las tres caras del poder-. Tienen derecho a pelear por trabajo, ingreso digno, educación, salud, oportunidades, organización, igualdad, solidaridad y justicia social en serio. La lucha política y social tiene el derecho, soberano y democrático, de ir más allá de una concepción minimalista de la política y de la solidaridad para caminar hacia un futuro distinto. Ya Gramsci supo hablarnos hace tiempo de “pequeña política” y “gran política” y de los límites del “transformismo”, de aquella política que se presenta como diferente y transformadora pero que en realidad se va desplegando, paso a paso, como otra cara de lo mismo, como ampliación de las variantes de lo mismo (*). En Bolivia y en Venezuela hoy se están discutiendo leyes para proteger el trabajo, salario y el ingreso, y eso es mucho más productivo que señalar a las luchas como corporaciones o como extorsión.


Si continúan los actuales niveles de pobreza y desigualdad social, buena parte del pueblo no podrá volver a hablar de “mi hijo el doctor” ni de nada parecido. Calificando a todas las luchas populares como extorsivas no podremos avanzar nunca hacia la superación de las alarmantes y dramáticas cifras de exclusión, desigualdad, desnutrición y mortalidad infantil. Veintiocho gurises menores de cinco años mueren por día en Argentina, y casi la mitad por lo menos por causas evitables, según estudios realizados y difundidos a nivel latinoamericano. La gobernabilidad de lo posible no producirá nunca transformaciones estructurales ni se acercará, de ninguna manera, a los sueños de la liberación nacional y social. Los derechos y la justicia se fundan, frente a las lógicas hegemónicas del capitalismo y del mercado, con una ética y una política profundamente democráticas y revolucionarias. Por ahora, y frente a la solidaridad administrada de lo mínimo, el horizonte de “mi hijo el doctor” puede sólo desarrollarse -y más allá de la complejidad de los procesos de creaciones heroicas de los pueblos- en Cuba (**).


LA INGOBERNABLE REPÚBLICA POSIBLE


La presidenta dijo que no la desvela la reelección y menos frente a la actual conflictividad -generada por el propio “modelo” económico hegemónico-. La presidenta también amagó con bajarse. Todos o casi todos se bajan, antes o después, de la difícil tarea de administrar la imposible república unitaria de lo posible. No habrá república como república posible, no habrá república ni república posible en los marcos del capitalismo, del mercado y del unitarismo. La gestión unitaria de los intereses de la burguesía sin conflictividad fué, es y será imposible, y mucho más frente a la amplitud y la complejidad geopolítica y federal de la Argentina y de Nuestra América.


Esta imposible república de lo posible debe ser deconstruída para reconstruir la soberanía particular de los pueblos confederados con un sentido revolucionario de libertad, igualdad, justicia y solidaridad tal como lo propusiera el proyecto federal sudamericano artiguista, como una de las voces profundas de Nuestra América.


Las palabras de Cristina suenan en el mismo momento en que algunas encuestas le dan el triunfo a Keiko Fujimori en Perú y en el mismo momento en que Pepe Mujica y varios dirigentes del gobierno del Frente Amplio uruguayo buscan bloquear, de diferentes maneras, el fin a la impunidad de los genocidas en la Banda Oriental. No son buenas noticias. No queremos una UNASUR de lo poco posible. El desafío común para los trabajadores, para los movimientos sociales -especialmente para la Constituyente Social y la Articulación de Movimientos hacia el ALBA-, para las asambleas ciudadanas y para los pueblos es más fuerte que nunca: sólo la unidad y la acción de los de abajo, en todos los planos, nos llevará a la segunda independencia de Nuestra América.


Mauricio Castaldo

15/5/2011

mauriciocastaldo@gmail.coim



NOTAS:


(*) Sería muy interesante releer y discutir, a la luz del transformismo progresista explicitado en el discurso de la presidenta de la república, el trabajo de Eduardo Basualdo, “Sistema Político y Modelo de Acumulación en la Argentina” (BsAs, UNQ, 2002). De ésta obra es de dónde releemos la la crítica gramsciana al “transformismo”, que el trabajo de Basualdo aborda ampliamente.


(**) En el conservador libro “Cuba de vuelta”, de Abel Gilbert (BsAs, Planeta, 1993, pag.69), podemos leer la historia de Reynaldo Ríos, un hijo de obrero analfabeto que se transformó en un destacado médico cubano y que va “todos los días en bicicleta al Hospital oftalmológico Ramón Pardo Ferrer, institución especializada en el sistema de microcirugía en serie, con tecnología de punta totalmente computarizada y codirigida por ingenieros”. “Todo se lo debo a la revolución” le dice el médico al periodista autor del libro, y no nos olvidamos que habla de una revolución que ha sufrido y sobrellevado extraordinariamente un infame bloqueo político y económico imperial.