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Red Nacional de Medios Alternativos

domingo, 27 de enero de 2013

Una cronología charrúa entrerriana

Compartido por Pablo Velázquez - Foro Artiguista Entrerriano - Villaguay


Antes el río Gualeguaychú era Río de los Charrúas
Llegó a mediodía don Gaspar el Costero con 30 indios armados. Les hablé, pero ninguno bajo del caballo, y de Gaspar por más que le decía, no saqué ni un ‘tá’  frío. Aunque sabe bien la lengua guaraní
Así nos cuenta el padre Tomás de Baeza en una carta fechada el 15 de abril de 1682 su encuentro con el Suaj Don Gaspar apodado “El costero“. No todos los suaj (líder, en lengua charrúa) ostentaban el título de “Don”, solo aquellos que se lo ganaban negociando con los españoles, quienes se lo otorgaban en reconocimiento a su poder.
Don Gaspar, asentado entre la Selva del Montiel y los campos de Curuzú Cuatiá controlaba un basto territorio desde Santa Fé hasta las misiones guaraníes en Corrientes. Coherente con la estrategia de largo alcance establecida por las juntas de suaj, solo negociaba con “directores de proyecto” como diríamos hoy, a saber, el Superior Provincial de la Orden Jesuita, el Teniente de Gobernador de Santa Fé o los Tuvichá Kuera “Los grandes líderes” de los pueblos guaraníes, todos estos, junto con él, eran los responsables del duro y a veces violento juego político en el cual vivía la mesopotamia argentina en los siglos XVII y XVIII.
Tomas de Baeza continua su relato:
“(Don Gaspar) solo dijo que las tierras en las que querían  estar eran suyas, y que  no quería ver en ellas padres, ni tampoco pueblo de cristianos, y que no se podían olvidar que en la última guerra los (guaraníes) luisistas les habían muerto su capitán y que no estaba bien con aquél padre viejo (Nusforffer, superior jesuita) que siendo superior había despachado soldados contra ellos y traído españoles de Santa Fe a hacerles daño” 
Don Gaspar es solo un ejemplo de una basta red de líderes que llevaron adelante la estrategia de autonomía de la nación charrúa en el territorio que hoy conforma la provincia de Entre Ríos. Estrategia que, si bien fue coherente con la implementada por otros suaj charrúas de la Banda Oriental y Río Grande Do Sul tuvo sus particularidades en tierra entrerriana.
La más importante particularidad de los charruas entrerrianos respecto de los orientales fue que el centro de la mesopotamia conformaba el “nucleo duro” y más aislado de la nación charrúa. Zona inexpugnable, apartada de las vías frecuentadas por los mburuvichás (jefes locales) guaraníes y sus aliados españoles, quienes “señoriaban”, como se decía en la época, los ríos Paraná y Uruguay, pero que no controlaban el interior de la provincia. Porque los pajonales desérticos que se dilataban en los campos de Curuzú, la Selva del Montiel y por el sur las Islas del Ybikuí, llenas de jaguares, protegían el centro de la provincia. Los bañados del Gualeguay río que con justa razón los españoles llamaban “Río de los Charrúas” y accediendo a través de él hasta la depresión de Y Jaguarí (El río del jaguarcito, hoy Villaguay) conformaron la zona donde los suaj se refugiaban por su condición de centro estratégico y paso obligado,.
Desde allí, en épocas de guerra lanzaban sus ataques hacia Santa Fé o Yapeyú. Y en épocas de paz comerciaban conectando con las rutas que unían los campos de la banda oriental y más allá los puertos portugueses donde podían vender ganado, yerba, leña y corambre (el cuero ya tratado) a los comerciantes ingleses y franceses. A cambio traían herramientas, ropas y cultura. Fue así por ejemplo como llegó la chamarrita -que era un ritmo originariamente portugués, de las islas Azores- a Entre Ríos.
Para las autoridades coloniales por supuesto esta circulación de bienes sin pagar impuestos era un auténtico problema. Los funcionarios coloniales no consideraban esas actividades como comercio sino como contrabando que estaba penado por la ley española. El problema era que los suaj tenían su propia ley originaria y que esas rutas eran las mismas que recorrían desde hacía siglos, conectando los caminos que venían de los Andes hasta Santa Fe, entraban por La Baxada del Paraná y atravesando la provincia cruzaban el Río Uruguay hasta llegar al Atlántico. Esos caminos son los mismos que hoy recorremos y a pesar de los años transcurridos su recuerdo se conserva en nuestra tradición a veces de forma tan natural que no lo percibimos.
Yo mismo recuerdo que un día, cuando tenía tal vez ocho años, mi madre que era de Villaguay y como casi todos los criollos tenía sangre charrúa me llevó al río Uruguay, cerca de la vieja Federación. Buscando piedras en el río nos metimos muy adentro, me parecía que estábamos casi a la mitad del río, pero a pesar de ello el agua nos llegaba solo a los tobillos. “Mirá – me dijo- por acá pasaban los antiguos. Siguiendo por ahí se puede llegar a la otra banda – y mostrándome un camino de canto rodado  que apenas surgía del agua agregó:  pero tenés que tener cuidado porque esta lleno de pozos y los pozos se comen a la gente ¿Ves?. señaló una zona que, a pesar de estar junto al “camino” de piedras tenía la superficie del agua calma y oscura.
 Ahora sé que esos son los antiguos “pasos” de los charrúas, también llamados cachoeiras y que unen las rutas que vienen de La Baxada del Paraná y conectan con los caminos que van directo a la costa atlántica. Hace cincuenta años el historiador oriental Don Joaquín Figuera las estudió: Ceibalito, Arapey, Boycuá, Takuy, El Tigre, “Paso de los indios” e Itapeby (esta última era de los guaraníes y quiere decir “Camino de piedra”). Son los viejos caminos que protegían los suaj y en cada uno de ellos hay un hecho histórico que podríamos recordar. 1
n esta entrada voy a publicar 11 hechos, que son 11 caminos y 11 líderes entrerrianos. He preferido que sean pocos pero que estén bien documentados y sobre todo que se pueda reconocer en ellos a una persona con nombre y apellido. Más adelante iré publicando un detalle de lo que pasó en cada caso. Baste por ahora una simple cronología que nos permita establecer un hilo conductor de una parte de nuestra historia. Si sabemos leer en esta cronología que ahora vamos a ver comprobaremos que las acciones de estos  antiguos líderes entrerrianos suceden siempre en un punto estratégico de un viejo camino.
Por ejemplo, en 1531 Y Ñandu (“Avestruz de agua“, un buen nombre para un charrúa que vive en las islas Lechiguanas), contacta con el portugués  Pero Lopez en la boca del río Gualeguay y las islas del Ybikuí. Es muy interesante este encuentro porque es el primero.  En una época en la cual dominan los guaraníes y en  la cercana ciudad de Carcaraña hay mineros del Alto Perú enviados por el Inka, espiando y comerciando metales por plumas y otros bienes de las tierras bajas. Una época donde no hay caballo ni hierro ni europeos.
En 1614 en cambio Yasú que era gobierno en La Baxada (hoy ciudad de Paraná) firma un acuerdo con el cabildo de Santa Fé. No es raro este acuerdo, dado que Yasú reproduce lo que siempre ha hecho un paranaense: negociar con Santa Fe. En aquella época a Santa Fe le decían simplemente “La ciudad” y la banda oriental del Paraná era conocida como “La Banda de los charrúas”. Así como sus abuelos habían negociado con los Carcarañáes antes de la llegada de los españoles,  así Yasú negociaba con Hernandarias que quería pasar a la banda oriental. Pero el acuerdo era entre iguales. Poder colonial y poder charrúa.
En 1750 con Naigualvé en cambio las cosas han cambiado, de hecho se inicia el período más duro. Porque siete años antes, en 1743, en Madrid, el Secretario del Tesoro, Armada e Indias del Gobierno de España, Don José Campillo y Cossío  puso en marcha un plan de reestructuración económica que tenía como objetivo hacer más competitiva a la economía española frente a Gran Bretaña. Plan que consideraba a las colonias como un gran mercado sin explotar para la industria española, y donde su población, especialmente los indios eran el tesoro de la monarquía dado que podían consumir las manufacturas producidas en Europa si previamente eran convertidos de autosuficientes en consumidores. La puesta en marcha de este plan afectó tanto a las misiones jesuíticas que fueron desmanteladas como al comercio entrerriano en manos charrúas (contrabando para la hacienda colonial), que tuvo que integrarse al circuito colonial. Así pues, tenemos la “Guerra Guaranítica” en Corrientes y Misiones que terminó con la autonomia guarani-cristiana y la expulsión de los Jesuitas y las guerras charrúas que afectaron directamente a Naigualve y sus paisanos y cambiaron la configuración social de la provincia.




El origen de la chamarrita y el chamame

Ilha de Santa Catarina. 1675

La chamarrita es un estilo musical y danza originarios de las islas Azores, que llega a Brasil a fines del siglo XVII cuando la corona portuguesa puebla con inmigrantes de esas islas las incipientes aldeas de las costas de Rio Grande do Sul. A través de rutas comerciales controladas por la nación charrúa la chamarrita llega a la provincia de Entre Ríos pasando por la Banda Oriental y mezclándose con el fondo cultural charrúa, africano y de gauchos cimarrones. Por su parte el chamamé surge en el seno de la sociedad guaraní de las misiones de Corrientes y Rio Grande do Sul, fruto de la fusión entre el barroco jesuita y el ñe’é mboé purahey, la tradición musical guaranítica de carácter religioso.

Esta entrada es la primera de una serie donde intento analizar el origen de la chamarrita entrerriana en contrapunto con el chamamé correntino pues creo que ese contraste nos permitirá enriquecer la visión de dos procesos históricos y dos tipos de sociedades emparentadas pero distintas.
 esde mediados del siglo pasado y merced a investigaciones del académico Fernando Assunçao y los musicólogos Lauro Ayestarán y Carlos Vega, entre otros, se sabe que la chamarrita es un ritmo folklórico de las Islas Azores, pertenecientes a Portugal, existen registros que demuestran su exitencia desde fines del siglo XVII. Desde esta época se practicaba como canción y danza por los nativos de esas islas que aún la siguen ejecutando. Evidentemente no se trata de la misma chamarrita practicada en nuestros días en América pero los autores encontraron puntos en común tanto en la coreografía como en los temas poéticos que demuestran que  la Americana se deriva de la Azoreña.

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