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Red Nacional de Medios Alternativos

viernes, 15 de febrero de 2013

Atilio Borón: "Argentina es un país sin Estado".


Atilio Borón es uno de los observadores críticos más interesantes para analizar el presente político de América Latina. Pero el politólogo y sociólogo también nos permite indagar, a partir de una mirada marxista de la realidad, en lo que elige denominar como “el lado oscuro” del modelo kirchnerista, en las dificultades de la izquierda para caracterizar correctamente el presente y en la distancia existente entre el discurso y la realidad entre las fuerzas en pugna en la Argentina. Una entrevista para comprender mejor las contradicciones de un Estado en crisis. Por Hugo Montero y Martín Azcurra.

Por ANRed - L (redaccion@anred.org

–Revista Sudestada: ¿En qué elementos señalarías fortalezas y debilidades de la gestión kirchnerista? 


– Atilio Borón: Un elemento fundamental fue la salida de la crisis económica de 2001-2002. Es decir, la recuperación de la economía a partir de 2003 y la expansión importante del empleo, sobre todo en esos años. Se habla de una cifra que ronda los 4 millones de nuevos puestos de trabajo, pero el dato significativo es que la mayoría se creó entre el final de 2002 y el 2005. Queda también la asignación universal, la cobertura previsional muy importante, una cierta recomposición salarial. Esos son los elementos fundamentales que hacen a la permanencia del kirchnerismo. Por supuesto, aquí hay que agregar la política de derechos humanos, sobre todo en su aplicación a los genocidas. Otros elementos serían la renovación de la Corte Suprema, que le dio un cierto viso de legitimidad al nuevo gobierno, más la expansión en la inversión en el sector educativo; todo un conjunto de elementos que abonan la tesis de que se superó la crisis, además de que la economía creció mucho durante gran parte de este período. Sumemos la reestatización de las AFJP, la de Aerolíneas –que es un negocio no muy claro porque no es del Estado argentino y la situación es muy vidriosa– y el tema de la compra de las acciones de Repsol, todo lo cual da una imagen de un gobierno que resolvió los graves problemas que tuvo la Argentina. 
Pero es una imagen que hoy en día está seriamente cuestionada. Primero, porque se ha visto el lado oscuro de este modelo. Un modelo que no hay que profundizar sino cambiar, así de simple. Un modelo que supone expansión de la soja sin límite, del agronegocio utilizando sicarios para desalojar comunidades campesinas en el noroeste, un modelo que hace reventar la Cordillera de los Andes con la megaminería a cielo abierto, que precariza la relación laboral: cerca del 40% de los empleados públicos gana parte de su salario en negro. 
Más allá del problema de orientación general, yo no creo en un “capitalismo serio”, como sí cree el gobierno de Cristina. Creo que el capitalismo es como es, serio o risueño, y en ese sentido este rumbo no me resulta para nada satisfactorio. Tenemos un panorama económico muy complicado por delante, un problema de inflación gravísimo. Y como no se reconoce la inflación, el problema es doblemente grave. Se hace un planteo absurdo al pensar que la inflación sólo se combate con políticas ortodoxas, lo cual es falso. Se puede tener una política anti inflacionaria sin caer en la doctrina neoliberal. ¿A favor de qué? A favor de la enorme concentración de la economía argentina: una economía en la que uno controla 500 empresas, y en realidad controla el 70% del Producto Bruto Interno. Tenés un tema energético que viene de arrastre hace muchos años y hubo una absoluta inacción –por no decir complicidad– con el saqueo que se produjo en este país; tenés un Estado que no obliga a las concesionarias a cumplir con los contratos de privatización, creciente malestar social y problemas todos los días en los ferrocarriles de pasajeros. 
Y como marco, una crisis general del capitalismo que lejos de amainar, cada vez se profundiza más. A nivel informal, por ejemplo, en los pasillos del FMI los economistas pronostican off the record que la crisis recién va a empezar a ser revertida en 2018. En ese contexto, la Argentina tiene una agenda muy complicada por delante. ¿Cuál es el proyecto de desarrollo económico? No hay. Y hay un gobierno muy desarticulado que, al no tener una oficina central que planifique la gestión, comete errores muy fuertes, porque no hay coherencia entre los distintos ministerios. Errores como el de mandar la Fragata Libertad a Ghana, o el error elemental de decirle a Cristina que vaya a Harvard… 
Argentina es un país sin Estado. Es una tesis fuerte, pero es real. Por ejemplo, no hay Estado porque las concesionarias hacen absolutamente lo que quieren sin ninguna clase de control por parte de las autoridades públicas, y pagando cifras cinco veces superiores a las de Europa por el mismo servicio. No hay nadie que te defienda. Tenés el Estado ausente en las carreteras concesionadas; están arrasando con toda la riqueza pesquera del Atlántico Sur. ¿Y por qué? Porque el Estado no tiene recursos para poder ofrecer garantías mínimas de funcionamiento a la flota de mar. 
Este es el escenario general, con logros importantes pero también con enormes asignaturas pendientes que están conspirando seriamente contra la estabilidad del gobierno...



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