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Red Nacional de Medios Alternativos

domingo, 24 de marzo de 2013

Guitarra Negra - 30.000 razones de ayer y de hoy

"Guitarra Negra": recreación libre de la obra del gran Alfredo Zitarrosa,
a cargo de Bruno "Chito" Ronchi, en guitarra, y de Mauricio Castaldo en
la voz, en el 2do Encuentro "Cuando la palabra y la música se fusionan", 
organizado por Marcelo Amorosi en la Escuela Técnica de María Grande,
éste sábado 23 de Marzo


Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra… Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía… Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas…


Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan… Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos… Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas…


Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco...


Hoy anduvo la muerte entre mis libros (entre los libros que quedaron de la imperdonable quema), buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches de café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplegia, al Uruguay batllista, a Aristides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables...


Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono (...los mensajes de celular y los muros de internet)..., distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, (...el recibo de sueldo -que nunca se entiende-, ...el cuadro de José Luis Toscani, el cartel artiguista en El Espinillo, la escuela pública que resiste, la bandera mapuche en Zanón)... los pálidos fantasmas que NOS habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión...




Y no halló nada... No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Aristides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni a Angel Borda, ni al Zurdo querido, ni a Sampayo, ni a Sendic, ni al Che, ni a Mejías Collazo, ni a Juan L.Ortíz, ni a Agustín Sueldo, ni a Petrona Magallanes, ni a los que hacen asambleas, ni a las listas de paro, ni al Uruguay (...ni a Entre Ríos, ni a la Bandera Federal que nos une) ... ni a nadie.


Ni a los muertos Fernández más recientes...


Ni a Mariano Ferreyra, ni a Carlos Fuentealba, ni a Teresa Rodríguez, ni a Marita Verón, ni a Diego Poletti, ni a Fernanda Aguirre, ni a Romina ni a Eloísa ni a José Daniel, ni a los mártires de nuestros pueblos nativos, mártires de la lucha y la dignidad, y mártires del hambre..., ni a nadie...



A mí tampoco me encontró... Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles... Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo...


Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas... Y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles (...entrará en Bariloche, abrazará a los que luchan), entrará... por todas las ventanas de los hospitales... La noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... Y se echará en el piso como un perro... Y aguardará hasta la madrugada...


30.000 razones latentes de ayer y tantas miles de hoy se levantarán con nosotros, uniendo los fragmentos de pueblo trabajador, sin veneno en los cuerpos ni en las cosas, sin dolor, sin miedo, sin monopolios, sin explotación, sin éxitos en Harvard, sin glifosato, ni semillas RR2, ni tierra fracturada y saqueada...


...Hoy... Dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre...

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