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Red Nacional de Medios Alternativos

sábado, 4 de mayo de 2013

RELECTURAS: 1983-2010





Primero fue “Ahora, Alfonsín” y que con “la democracia se come, se cura y se educa”; después vino “Síganme, nos los voy a defraudar”, “la revolución productiva” y “el salariazo”; después “Somos más” o el inefable “Y dicen que soy aburrido”. En 2003 la consigna de “época” fue el eco del “que se vayan todos” y no precisamente pensada en los laboratorios de los consultores de imagen. Del 2007, apenas podemos recordar el eco de ese extraño mensaje que acompañaba la candidatura de Cristina Fernández y Julio Cleto Cobos que enigmáticamente anunciaba “El cambio recién comienza” o ese otro de “Cristina, Cobos y vos”. 

Las consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales de esta saga de “transición democrática” han sido realmente catastróficas. Si bien se recuperaron –y con serias deficiencias- ciertas garantías y libertades individuales en el marco del “estado de derecho”, la matriz socioeconómica impuesta por la dictadura oligárquico-militar quedó prácticamente intacta. Ese núcleo duro no ha sido doblegado, es más; ni siquiera fue cuestionado en su sustancia. Las implicancias prácticas de ello son elocuentes. Millones de excluidos condenados a una existencia semibestial, la infraestructura básica productiva y de servicios públicos en poder de grupos económicos monopólicos, nuestros territorios saqueados por pandillas pseudo empresarias asociadas con la burocracia política, la destrucción de nuestros ecosistemas, un endeudamiento externo fraudulento, ilegítimo e impagable, nuestra economía nacional sustentada en un mercantilismo primario, escenarios de violencia social de una crueldad inaudita; son algunos de los trazos gruesos que definen la realidad de nuestro país. 

En efecto, hoy la realidad de los indicadores de situación nos ponen frente a un escenario significativamente diferente a los escenarios de décadas anteriores, ya que las consecuencias de los modelos socioeconómicos aplicados en el País en las últimas décadas avanzaron progresivamente en el deterioro del escenario social, económico, político y cultural de la Nación, hasta situarnos hoy en el marco de lo que podríamos denominar como una situación de catástrofe generalizada, de serias implicancias negativas casi en todos los órdenes. 

En esta perspectiva, hoy nos invitan a creer que a partir del 25 de Mayo de 2003 hemos iniciado un proceso de reconstrucción nacional y de recuperación de dignidades perdidas. Que se han generado hitos de crecimiento y expansión económica inauditos en nuestros 200 años de historia y que hemos retornado al modelo de la justicia social. Según esta visión se ha producido un quiebre irreversible a partir de 2003 y de lo que se trata ahora es sólo “profundizar el modelo” para lo cual supuestamente tenemos tiempo hasta el 2020 y quizá más también. Desde esta visión “algunos” dicen que a partir del 2012 empezará a “derramar” la verdadera justicia social. 

Sucede sin embargo que la tendencia de la catástrofe continúa, fruto de la consolidación de una matriz socioeconómica productiva perversa que arrolladoramente concentra poder y riquezas en poquísimas manos; y desolación, miserias e incertidumbres en gigantescas mayorías populares. A pesar de los encendidos discursos oficialistas –vanamente retrucados por discursos opositores cómplices- la realidad indica que todavía seguimos tributando a un altísimo costo social una deuda externa ilegítima y fraudulenta; conservamos un sistema impositivo bochornoso, un sistema financiero pensado y aplicado por Martinez de Hoz, un sistema educativo y de salud fragmentado e ineficiente pensado y aplicado por Cavallo, con nuestros recursos naturales renovables y no renovables –fundamentalmente la tierra- sometidos a un saqueo pocas veces visto en nuestra historia. 

En fin; los indicadores de la realidad indican que el proceso de devastación nacional y social no se ha detenido y que más bien ha encontrado un nuevo momento político para su relegitimación política y perfeccionamiento técnico. Si ayer fue el uno a uno, hoy es el cuatro a uno. Ayer fue la venta a precio vil de las empresas públicas y el endeudamiento externo, hoy es el monocultivo de la soja, la concentración de recursos naturales en pocas manos, y el llamado des-endeudamiento. El denominador común fue el aumento de la desigualdad social, manteniéndose la misma estructura socio-económica. 

En esta nueva etapa la clase dominante ha recuperado ganancias a costa de los trabajadores y la inmensa mayoría popular; han cambiado los instrumentos, la retórica y las hegemonías, pero los dueños del poder económico mantienen sus privilegios a buen resguardo hacia el largo plazo. 

La forma actual de hacer política no ha variado sustancialmente respecto a los anteriores gobiernos: acumulación ilimitada de poder personal, compartido sólo con un reducido y obediente círculo áulico; ningún fomento a la organización popular del Movimiento; negación tanto a la discusión programática –“vamos bien sin saber adónde”- como a la agitación política y, por supuesto, abundante turismo clientelar masivo; con destellos de movilizaciones fuertemente controladas ¿Será la única forma posible de hacer política en la Argentina de hoy ? En todo caso, una de las diferencias más notorias entre otros tiempos y el actual radica en la base social de apoyo: una alianza de sectores populares, con los mas concentrados y oligárquicos, (conservadurismo popular) antes; y manifiesto predominio de la clase mediera (progresismo “frepasista”) ahora. 

En esta perspectiva creemos que no se trata de pensar todo lo político a partir del falso esquema de “oficialistas y opositores”. Más bien esas son cuestiones de las rencillas internas de este sistema político grotescamente elitista e ilegítimo en el cual se nos pretende relegar al rol de simples espectadores de un escenario mediático lejano y confuso. Por el contrario se trata de la vida cotidiana de los millones que conformamos las distintas comunidades que poblamos este extenso y generoso territorio nacional. Allí convivimos trabajadores ocupados, subocupados, desocupados, estudiantes, jubilados, técnicos, profesionales, artistas, intelectuales, emprendedores, comerciantes, etc., desde distintas situaciones y escalas sociales; frente a un sistema político degradado en prácticas obscenas y putrefacto de ilegitimidad en el que se define todos los días acerca de nuestra calidad de vida y nuestro futuro. ...

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