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Red Nacional de Medios Alternativos

miércoles, 26 de junio de 2013

Barricadas bloquean calles en Chile en día de protesta estudiantil

Andrés Fielbaum
Santiago de Chile, 26 jun (PL) Diversos sectores de Santiago de Chile y Valparaíso amanecieron hoy bloqueados por barricadas, en el inicio de una jornada de manifestaciones a favor de una reforma educacional y a pocos días de las elecciones primarias.

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Grupos de jóvenes encapuchados encendieron fogatas y desplegaron lienzos y carteles con el reiterado reclamo de educación pública, gratuita y de calidad para todos.


Fuerzas especiales de la Policía de Carabineros lanzaron gases lacrimógenos y chorros de agua contra los manifestantes, quienes respondieron con piedras, palos y otros objetos.



En esta capital, la Unidad Operativa del Control del Tránsito reportó barricadas en una decena de intersecciones, las cuales obstruyeron el tráfico vehicular.



El presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Andrés Fielbaum, declaró al canal público 24 Horas que el amanecer de barricadas "responde a un descontento que está muy arraigado en muchos sectores de la sociedad".



Para hoy está convocada una jornada nacional de movilización, con marchas y concentraciones en varias ciudades del país, en reclamo de una reforma educacional que permita el acceso a la enseñanza para todos los ciudadanos de manera gratuita.









No fue un “cacerolazo brasileiro” contra un gobierno progresista o de izquierda, como algunos que ven a Dilma aliada de Cristina se apresuran a clasificar. Tampoco una primavera árabe tropical, ni una protesta convencional por un aumento. Dejó a todos “aturdidos”, decían analistas en los medios.
Fue algo nuevo. Fue política. Fue grande. Con respeto de su singularidad digamos que más que cacerolazo destituyente hubo mucho de Que Se Vayan Todos contra un gobierno autista, alejado de la gente, un sistema de partidos allá en lo alto y que no presenta (¿más?) ninguna alternativa o causas para endosar desde abajo... Fueron movilizaciones con mucho abierto todavía, mucho por descubrir por la gente que ganó la calle después de mucho tiempo y que seguirá dándole sentido desde dentro.
El escenario donde ocurre: 15 mil millones gastados para organizar la copa del mundo en un país que continua teniendo decenas de millones de pobres, mala educación y salud, pésimo transporte y los bancos como mayores beneficiarios de todo el dinero que está entrando. No es un detalle el dato del Mundial… quizás los 30 mil millones de Belo Monte sean aún más escandalosos, pero la organización del mundial y olimpiadas trae al Brasil un clima de megalomanía y entusiasmo totalmente comercializado, chauvinista y imperial. Y en la calle de 11 ciudades, el 17 de junio, este delirio parecía estar siendo realmente cuestionado.
Un aumento de 20 centavos en el pasaje de colectivo y subte de San Pablo, y de otro tanto en el resto de las ciudades (decidido por cada gobierno) fue la chispa. “El pueblo despertó” cantaba la gente. “Venga a la calle contra el aumento” invitaban mientras circulaba sin rumbo pre-definido por la ciudad. En otra se le preguntaba a Dilma si Neymar valía más que la salud y la educación, no me acuerdo bien...

CHEMA BERRO, LUCIO TABAR, JOSE MARI GARCÍA BRESÓ, FERNANDO ARMENDÁRIZ, JESÚS VIANA E IÑAKI ARZOZ | BANATU TALDEA. INICIATIVA POR EL REPARTO

Reparto de trabajo: Una propuesta decrecentista

Reparto de trabajo. ¿Qué tiene este concepto que hace apenas unos meses sindicatos y partidos lo ignoraban y ahora se ha convertido en motivo de creativa disputa? Probablemente la constatación de que la extrema gravedad de la crisis y del paro desbocado (salvando espejismos estacionales) lo ha puesto por vez primera bajo los focos, como una alternativa de emergencia. Hasta el punto que hasta los mismos corresponsables del paro -así nuestro astuto Gobierno foral- lo rondan para manipularlo como saben hacer, confundiendo reparto de trabajo con reparto de miseria, trabajo digno con minijobs... La situación en Nafarroa es que apenas hace un par de meses los partidos de la oposición y los sindicatos se han lanzado a una carrera por diseñar y modular una medida ineludible, y hay que felicitarse por ello. En este esfuerzo conjunto y en algunas de las medidas que se han esbozado hallaremos las bases de una propuesta que sin duda ha de ser colectiva.
No obstante, desde Banatu. Iniciativa por el reparto (del trabajo y de la riqueza), siguiendo el enfoque decrecentista, queremos advertir que el reparto del trabajo no puede ser esa medida coyuntural y reversible para disimular las cifras del paro y beneficiar solo al empresariado, sino una pieza central del puzzle del nuevo paradigma del empleo para salir de la crisis. En este nuevo modelo, el objetivo es el cumplimiento del derecho a una vida digna, que contemple un trabajo retribuido con justicia, en el marco de una economía al servicio de las personas, que sustituya la competitividad por la utilidad social y la verdadera sostenibilidad ecológica que evite el colapso ecológico y energético. El reparto del trabajo se ha convertido en estos momentos en un imperativo ético inaplazable, cuya extensión ha de integrarse en el debate sobre la renta básica universal, el reparto del trabajo reproductivo o de cuidados y la revaloración del tiempo libre, dedicado al desarrollo personal y colectivo, a la familia, el cultivo de la amistad o la cultura y a la participación activa en la sociedad. Lo que podría resumirse en el lema: Trabajar (menos horas) para vivir mejor, no vivir para trabajar (y consumir).
Pero en Banatu el reparto de trabajo como medida estructural progresiva, que abre la expectativa a un estilo vital del «buen vivir», no nos hace olvidar la urgencia y la concreción que demandan los sectores más vulnerables que sufren el paro (jóvenes, mujeres, migrantes, mayores de 50 años, etc.), y por ello aportamos una propuesta que creemos razonable y practicable, siempre abierta a la discusión y la mejora: la semana laboral de 30 horas y su aplicación prioritaria en la Administración.
La reducción de la semana laboral a 30 horas efectivas (una cifra intermedia entre los extremos barajados hasta ahora, de 35 y 20 horas) en diferentes fórmulas flexibles (por cómputo de horas/días, días, semanas o meses), según las necesidades de los diferentes servicios y buscando siempre el acuerdo con los trabajadores. Los salarios correspondientes no seguirían la misma progresión que la reducción de la jornada, ya que esta debe ser una medida también para reducir la abusiva desigualdad en los abanicos salariales que se dan en la Administración, posibilitando que el reparto de trabajo signifique también reparto efectivo de la riqueza...

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