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Red Nacional de Medios Alternativos

sábado, 6 de julio de 2013

CARTA ABIERTA AL EMBAJADOR ARGENTINO COORDINADOR DE LAS CUMBRES SOCIALES DEL MERCOSUR, OSCAR LABORDE

Sr Embajador Óscar Laborde

Hemos leído su nota periodística titulada Haití, del 29 de junio.
Nuestra Coordinadora por el retiro de tropas de Haití es una organización social uruguaya que viene trabajando desde hace años por el objetivo que ese nombre plantea junto con las principales organizaciones sociales y sindicales de Uruguay, que comparten todas esta misma idea. Estamos en permanente contacto con organizaciones haitianas, sindicales y de Derechos Humanos, y con otras organizaciones de nuestro continente. Hemos participado también con ellas, en el reciente Foro Social Mundial de Túnez.
En primer lugar, importa que desde cargos oficiales de un gobierno latinoamericano que participa en la MINUSTAH, por una vez al menos, se reconozca como usted lo hace, la enorme deuda que todos los pueblos de nuestro continente tenemos con el pueblo haitiano que abrió hace más de doscientos años el camino de la libertad.
No es menor tampoco que se reconozcan (aunque sea bajo ese no muy feliz eufemismo de “errores y procedimientos equivocados”) las violaciones, los atropellos y los delitos cometidos por los efectivos militares de la MINUSTAH.
Sin duda usted conoce el caso de la violación del joven haitiano Johnny Jean en julio de 2011 por militares uruguayos en la base naval de Port-Salut. Sabrá entonces que lo que primero hicieron los mandos militares uruguayos, el Ministerio de Defensa y también muchos parlamentarios fue negar todos los hechos y atribuir las denuncias a calumnias conspirativas “duvalieristas” o al propósito de obtener indemnizaciones en dinero.  
Estará informado de que a propósito de las multitudinarias manifestaciones populares exigiendo el RETIRO DE LAS TROPAS  que produjo en Haití  esta indignante abuso y el propio Senado haitiano votó por unanimidad  por dicho retiro.

 También es importante que se reconozca que, como usted dice, todos estos hechos han incentivado el debate sobre esta intervención militar que, para nosotros sí, es producto de “una repetida intervención extranjera”. Y es como parte de ese debate que queremos expresarle algunos comentarios a su nota.
Su expresión “errores y procedimientos equivocados” (que ya calificamos de eufemismo) nos hace acordar demasiado a aquello de “errores y excesos”, de muy triste memoria. Pensamos que lo ocurrido “merece una reflexión más profunda y no tan simplista”, precisamente.
¿Jugó la MINUSTAH “un rol fundamental en el restablecimiento de la democracia”?
Comencemos recordando que esta intervención militar es continuación de la invasión y golpe de Estado por parte de esos imperialismos que usted menciona contra el único gobierno haitiano democráticamente electo en décadas. Que lejos de restablecer la democracia se impulsaron luego elecciones en las que estaba proscripto el Partido Lavalas del presidente derrocado, en las que ocurrieron irregularidades tan grandes que los resultados fueron definidos por las propias fuerzas de intervención. No puede decirse que ninguno de los candidatos haya ganado clara y limpiamente en esas elecciones, instrumentadas por tropas ocupantes, en las que hubo una bajísima participación electoral de los haitianos del orden del 20%, lo que demuestra la falta de confianza popular en su legitimad. Y que el gobierno de Martelly está  totalmente condicionado por una Comisión interventora presidida por Bill Clinton, entregando ahora derechos de explotacíon de(saqueo de ricos) yacimientos de oro, plata y cobre a multinacionales  de EEUU y Canadá, en contra del propio Senado haitiano.
¿Es  esta una intervención "antiimperialista", como usted sostiene? Si así es, resulta extraño que el propio imperio la promueva, que felicite al gobierno uruguayo por su amplia participación, y que expresamente le agradezca el gasto y el esfuerzo que le ahorramos a ellos, como lo han expresado sus voceros en la cumbre de ejércitos en Punta del Este en octubre pasado, entre otras veces.
Pero si es así y usted tiene razón y hubiese hoy en Haití una democracia restablecida ¿es admisible entonces que la justicia haitiana siga impedida de actuar en los casos de violaciones y otros delitos cometidos en su territorio, como el que mencionamos, uno apenas de la larga lista de hechos denunciados?
Inhabilitar a la justicia haitiana de intervenir en los casos de violaciones de derechos humanos y delitos comunes cometidos en territorio haitiano por las fuerzas de la MINUSTAH es de hecho otra LEY DE IMPUNIDAD como las que hemos vivido en nuestro país y en el suyo.
Y es además de una gran bajeza que esa ley de inmunidad- impunidad sea usada para que la ONU esquive hoy su responsabilidad en la introducción del cólera en Haití, que ha provocado más de 8 mil muertos y 800 mil afectados. Responsabilidad que está más que probada por la identificación de la cepa viral por varios estudios independientes, y los testimonios sobre el vertido de aguas fecales en los ríos de Haití por parte de los cascos azules, acción más que irresponsable en un país donde todos sabemos que solamente el 2% tiene acceso al agua potable.
Los países que envían soldados tienen buen cuidado de vacunarlos contra las enfermedades que puedan contraer, ni se preocupan en verificar que no sean ellos mismos portadores de enfermedades que puedan introducir en Haití, ¡tristes embajadores son!
Esto ha sido denunciado ampliamente por el pueblo haitiano, por sus organizaciones sociales, por las víctimas de la epidemia, y por el Senado. Naciones Unidas hace oídos sordos.
Bien lo dice usted, la “ayuda” que recibió Haití hasta ahora es “proyectos que sólo implementan políticas asistencialistas, de reparto de alimentos y ropa, para que no estalle la situación, pero nunca para que desarrolle el país”. Le faltó decir, además, que solamente llega al pueblo haitiano, que sigue viviendo en carpas a dos años del terremoto, la décima parte de los fondos que financiarían esos proyectos, mientras se gastan 650 millones de dólares anuales en las tropas y armamentos de la ocupación.
 Por último, no podemos acordar con su concepto de que “el aporte que podemos hacer los países latinoamericanos... será reenseñar a los haitianos a vivir juntos.”
Esgrimir ahora esos objetivos como justificación de la intervención militar en Haití, es de hecho reconocer que ya no se puede seguir sosteniendo la excusa usada hasta el momento de que sería necesaria para “mantener la paz”. Eduardo Galeano lo ha dicho con gran claridad junto a muchos otros, Haití no es una amenaza para nadie, Haití no nos agredió ni pretende ni puede agredirnos. Pero se lo trata como una amenaza, y se lo ocupa atropellando su soberanía.
Y luego de nueve años de ocupación, cuando esa justificación ya resulta demasiado insostenible, ahora se ensaya esta otra: Estaríamos en Haití para enseñarles a vivir juntos, para consolidar la democracia, para ayudar a su desarrollo.
¿No es demasiada soberbia? Para poder enseñar, primero hay que haber aprendido.
¿Hemos aprendido en nuestro continente aquella lección que empezó en Haití hace más de doscientos años?



 Por eso, hacer algo por los haitianos y también por nuestra propia dignidad, es, antes que nada y además cumpliendo con el reclamo de los haitianos, el RETIRO INMEDIATO DE LAS TROPAS DE OCUPACIÓN.

¿Porque por otro lado,  cómo andamos en casa, en eso de vivir juntos? Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú y Uruguay.
Sabrá usted que Uruguay sigue aún con el deber incumplido de Verdad, Justicia y Reparación por los crímenes de la dictadura que han cometido las fuerzas armadas. ¿Y ahora mandamos a estas mismas fuerzas armadas a "restablecer la democracia" en Haití?
Y esta situación es similar en todo el continente. ¿Está usted conforme con la policía argentina sobre la cual llueven día tras día denuncias por gatillo fácil? ¡Lindos maestros para mandarles a los haitianos!
Hoy en Brasil las protestas callejeras se multiplican. También han habido numerosos muertos en las acciones militares en las favelas. ¿Qué tal si los otros países del continente ocupamos hoy militarmente Brasil para enseñarles a vivir juntos?
Sobre cómo vivir juntos y las dificultades para eso, los haitianos saben tanto como los uruguayos o los argentinos. Y no serán en todo caso las ocupaciones militares las que enseñen a nadie a vivir juntos. Naciones Unidas lleva cincuenta años de intervenciones de este tipo en África,y bien conocido es lo que ha pasado y sigue pasando. Ninguna estabilidad democrática, ningún desarrollo, solamente la continuidad del genocidio y del saqueo colonial, y el aumento creciente del odio entre hermanos.
 Hoy su trabajo, Sr. Embajador, se orienta hacia las organizaciones sociales. Escúchelas entonces, comenzando por las organizaciones sociales del pueblo haitiano. 

Montevideo, julio de 2013


COORDINADORA POR EL RETIRO DE TROPAS DE HAITÍ fuera.tropas.de.haiti@gmail.com

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