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Red Nacional de Medios Alternativos

viernes, 1 de enero de 2016

TOMÁS CÓCERES, EL REBELDE DE MARÍA GRANDE CONTRA LA ENTRE RIOS RIVADAVIANA

-Unos apuntes para la Historia del Mundo Entrerriano
y para una futura Entre Ríos en Común-


...Quien nos provoca
que convierse primero
con Montes de Oca.
De Entre Ríos a Misiones
no almitimos unitarios,
por desliales y arbitrarios
los echamos a empujones.
Y el baile sigue
porque aún es bastonero
Martín Rodríguez…”
Antigua Litoralera”,
recopilada por Claudio Martínez Paiva y
musicalizada por Ricardo Maldonado




Introducción: El abandono de Ramírez a Artigas y el derrotero entrerriano a manos de los rivadavianos

Leyendo con pasión y placer el extraordinario libro, ya clásico y más que nunca, necesario, “Historia de Entre Ríos” (BsAs, Plus Ultra, 1978) de la gran historiadora entrerriana Beatriz Bosch (1911-2013), uno se encuentra, entre tantas cosas, con la rebelión del Capitán Tomás Cóceres, en María Grande, en enero de 1827, primero contra el gobernador Vicente Zapata, adherente a la política especulativa, entreguista y empobrecedora del tristemente célebre Bernardino Rivadavia, quién en 1826 se había hecho elegir como Presidente de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Y después, la rebeliones continuarán también contra la política parecida de los gobernadores Mateo García de Zuñiga, contra el reelecto Zapata y al final contra León Solas.



Rivadavia, unitario y centralista, representaba desde hacía tiempo los grandes intereses económicos de BsAs asociados al capital imperialista británico. Entre Ríos había iniciado un complicado derrotero politico desde que Francisco “Pancho” Ramírez abandonó -traicionó- en 1820 la causa revolucionaria artiguista de los Pueblos Libres y terminó políticamente a la deriva y asesinado -un año después- por las partidas de su ex aliado Estanislao López.

Lucio Norberto Mansilla, porteño, ex aliado también de Ramírez contra Artigas, entrampó al “Supremo” y, desaparecido éste, se quedó con el poder en Entre Ríos. Más que gobernador, debemos decir que Mansilla fue un interventor del poder central y funcional a los intereses económicos y políticos de BsAs y de Santa Fe en nuestra provincia. Corrupto, negociante, oligarca, estafador, entreguista, Mansilla representó con un estilo tan personal como violento e impune -hasta que pudieron enfrentarlo- los intereses de hacendados, comerciantes y los sectores de dinero -la burguesía propietaria criolla y extranjera-, que en Entre Ríos estaban asociados y dependían del comercio, los créditos y el puerto de BsAs.

Mansilla y sus aliados impusieron a gobernadores como Vicente Zapata y León Solas. No pudieron construir una hegemonía absoluta -nunca se podrá, dijo alguna vez Antonio Gramsci- porque un sector de los hacendados y milicianos entrerrianos resistieron hasta donde pudieron y porque los sectores populares nunca lo aceptaron. Ricardo López Jordán (padre) -quién fuera medio hermano de Francisco Ramírez-, a su manera, yendo y viniendo en política como varios en esa época, y el joven diputado provincial Justo Jose de Urquiza representaban esos intereses propietarios entrerrianos que no querían romper del todo el sistema, pero que no iban a entregar del todo la gestión política provincial en ese marco. Era un equilibrio difícil e inestable (1).

Pero en 1827, surgen nuevamente voces rebeldes, subalternas y populares, como la de Tomás Cóceres, que van a poner en jaque la política rivadaviana y van a incomodar también -en una compleja lucha de clases- a esos federalistas propietarios entrerrianos que, cuando las papas quemaron, siempre terminaron de parte de los sectores de poder y de los negocios fáciles, y abandonando a las clases populares entrerrianas, argentinas y sudamericanas.

La primera rebelión de Cóceres contra el capitalismo especulativo neocolonial

El gobernador Zapata había resultado designado al cargo como parte de una fórmula de acuerdo entre los sectores que promovían a Ricardo López Jordán (padre) por un lado -con el joven Justo Jose de Urquiza jugando fuerte políticamente ya aquí como secretario del medio hermano de Ramírez y/o componedor de grandes intereses cuando fuera necesario-, y los sectores que defendían a León Solas -como el operador político Juan Francisco Seguí- y la política frontalmente rivadaviana de Mansilla y su ¿extraña? alianza con Estanislao López. En medio de la Guerra con el Brasil -se acordaron muy tarde BsAs y las Provincias Unidas de escuchar el reclamo de Artigas, que claro, ya para ésta época no era más un peligro de clase, porque estaba derrotado y exiliado-, Rivadavia envió en misión política a Manuel de Escalada para lograr un acuerdo político entre las partes. De allí surgió la designación de Zapata.

Pero el equilibrio de la balanza política burguesa de Zapata se inclinaba, por el peso de la economía política provincial dependiente y por la falta de fuerza y referencia política propia, para BsAs. El gobernador decide adherir a la peligrosa y antipopular política especulativa y monetaria de Rivadavia y cía, y allí va encontrar la furia popular.

Dice Beatriz Bosch:

“Una medida de orden económico acarrea graves disturbios. Creado el Banco Nacional en el mes de febrero (1826), su emisión de papel moneda constituye novedad recibida con gran desconfianza. Pronto los billetes alcanzan un deprecio del 40% de su valor, mientras la deuda oficial llega a nueve millones de pesos. El gobernador Zapata ordena la circulación del papel moneda sin consultar a la legislatura. Hay enorme resistencia a aceptarlo por la diferencia de valor con la moneda metálica...(2)”

Ricardo López Jordán (padre), Comandante de Concepción del Uruguay, deja en suspenso ese decreto. El diputado Urquiza y otros en la Legislatura lo estudian, concilian y acuerdan esa política monetaria -tantos han acordado hasta hoy cosas parecidas-. El diputado Jose Miguel Romero tiene que reconocer -como señaló la Prof.Bosch- que “los señores magnates eran los que reportaban la ventaja y los infelices padecían”.

Y no era cualquier cosa esa política monetaria, como no son cualquier cosa las políticas económicas. De fondo estaba el grave problema de un gobierno central de las Provincias Unidas argentinas y sudamericanas entregando los resortes de la soberanía política -hipotecando hasta las tierras públicas- al capital imperial británico y a la especulación burguesa y oligárquica. Era un capitalismo especulativo neocolonialista el que se estaba imponiendo paso a paso y Zapata le abría las puertas en Entre Ríos.

Como recuerda el Prof. Juan Antonio Vilar, una parte del capital de ese banco Nacional provenía del empréstito Baring Brothers, la estafa rivadaviana con la Baring, -el origen de la deuda externa argentina generado por el gobierno rivadaviano y sus socios burgueses nacionales y británicos- y la hegemonía de “cinco accionistas ingleses” (3) en ese banco gracias a una maniobra infame de los rivadavianos. Entre paréntesis, la disputa por las minas del Famatina, en La Rioja, ya era parte de las disputas del poder. En nuestra época, la Asamblea Ambiental y Popular de Famatina es un ejemplo extraordinario y ejemplar de rebeldía, organización, lucha, acción colectiva directa y autodeterminación popular soberana. Famatina es hoy la historia de un pueblo que en nueve años expulsó a cuatro mineras transnacionales, imperialistas y biocidas (4).



La rebeldía popular estalló aquella vez en Entre Ríos. El 12 de enero de 1827 el gobernador Zapata informa a la Legislatura sobre revueltas originadas por la resistencia a recibir el papel moneda. “En María Grande se ha sublevado el capitán Tomás Cóceres”, nos cuenta Beatriz Bosch. Hilarion Campos, jefe militar en Matanza (Victoria) también se resiste.

El Presidente Rivadavia envía cuatro mil pesos de auxilio, pero nada resulta suficiente. Ante las dificultades para crear recursos, Zapata renuncia el 26 de enero. En su lugar se elige a Mateo García de Zúñiga. Por ley provincial, el gobierno de Entre Ríos deroga la circulación de ese papel moneda rivadaviano: en el mismo enero de 1827 se prohibe la circulación del papel moneda emitido por el Banco Nacional. La hegemonía oligárquica e imperialista se retarda un poco.

Los rebeldes reclaman auxilio a las tropas y expulsión de los porteños de todos los cargos públicos. El diputado Urquiza salva la situación, defendiendo a los porteños, y proponiendo a los rebeldes que depongan su actitud y que serán atendidos. Así sucede. Hasta allí llega políticamente la intuición de clase de la rebeldía popular regional.

La segunda rebelión contra entreguistas y explotadores

García de Zúñiga gobierna con mano dura y ajustando la economía. El poder central quiere imponer la Constitución unitaria y vertical de 1826. Entre Ríos, que venía debatiendo política y socialmente fuerte su posición, había reafirmado ideas republicanas, federales y autonomistas, y rechaza -con otro fuerte protagonismo del diputado Urquiza- esa Ley máxima antipopular, aunque plantea seguir colaborando en la Guerra con el Brasil y proyecta una política de pactos interprovinciales. El diputado nacional por Entre Ríos, Casiano Calderón, se había desentendido de la posición provincial y había votado por la política unitaria en ese congreso constituyente.

La guerra con el Brasil traía algunos trastornos. El Gral Rodríguez organiza el ejército en el Campo del Molino cerca de Concepción del Uruguay, pero se desarrollan muchos tumultos y deserciones. Además de las privaciones, no podemos olvidarnos que ese Rodríguez unitario era repudiado por los criollos subalternos desde hacía tiempo. La “Antigua Litoralera” recopilada por Claudio Martínez Paiva y musicalizada por Ricardo Maldonado así lo demuestra -nuestras músicas analizadas reflexiva y contextualmente pueden ser grandes documentos históricos-. Según Beatriz Bosch, con esas deserciones surgen allí los matreros.


García de Zuñiga y López Jordán padre, entre otros, van y vienen con la política. Parecen apoyar la lucha contra los brasileños pero tienen acuerdos con la política imperial de los mismos. Entre otras cosas, estaba en juego la recuperación de la Provincia Oriental del Uruguay -invadida desde 1816 por los portugueses y después por los brasileños independientes- y la integridad política soberana y nacional de las Provincias Unidas del Sur.

Las Provincias Unidas triunfan militarmente en la Batalla de Ituzaingó (1827), en Río Grande del Sur (hoy sur “gaúcho” de Brasil, antes Misiones Orientales y pueblos de la Liga Federal artiguista), pero ante la especulación de los jefes militares como Alvear y cía, el triunfo no significa la derrota completa del enemigo. De todas maneras, cien prisioneros brasileños son trasladados a Nogoyá y “distribuidos” entre los vecinos, porque no hay celdas para todos. Varios se fugan. Los demás después son trasladados a Paraná.

El gobierno ofrece un desahogo económico a la población: realizar “vaquerías” en territorio del enemigo brasileño, es decir “cazar” vacas, arriarlas y expropiarlas para el pueblo. Las vaquerías habían sido una de las actividades más importantes en la era colonial en Entre Ríos y el Litoral. Los “gauderios”, los gauchos habían surgido con ellas.

El Capitán Tomás Cóceres, junto al Comandante Miguel Acevedo dirigen las vaquerías. Gran parte de los vecinos de la Costa del Uruguay participan de estas faenas. Se producen refriegas violentas con el enemigo. Se denuncian excesos. El gobierno da un paso atrás y prohibe las vaquerías: parece que la reapropiación popular de la riqueza se le estaba yendo de las manos a los gobernantes y a la clase dominante. Ahí se produce la segunda revuelta que protagoniza Cóceres junto al Capitán de Feliciano, Jacinto Palomero, en Setiembre de 1827.

Por iniciativa del diputado Urquiza, el congreso provincial declara fuera de la ley a estos “robin hoods cimarrones”, a estos “bandidos rurales”. El gobernador García de Zúñiga pone precio a las cabezas: la de Cóceres es la más cara, se pagará quinientos pesos por ella. Los tenientes coroneles Manuel Antonio Urdinarrain y Ricardo López Jordán padre tienen órdenes de reprimir y fusilar a los rebeldes. Y el “Ejército del Orden” gubernamental y patronal “se servirá de los ganados y de los caballos que se tomen a los anarquistas”, como indica la prof. Bosch. No fuera a ser, que de una vez por todas, las vaquitas sean nuestras, del pueblo trabajador, y las penas sean ajenas, sean de los explotadores y entreguistas.


Fragmento del decreto que pide la captura de Tomás Cóceres.

(click para ampliar la imagen)

Como siempre, nuestra burguesía defendió su bolsillo antes que la soberanía: el avance de nuestros rebeldes cimarrones hubiera debilitado tal vez más a los imperialistas brasileños y se hubiera recuperado la Provincia Oriental, con un avance de protagonismo popular. La Banda Oriental terminó siendo un país aparte, el estado tapón del imperio británico en el Río de la Plata, gracias a las transas y entregas de los burgueses de BsAs, de Montevideo, de Entre Ríos y de Brasil, socios directos e indirectos del capital imperial y de sus puertos funcionales.

Los mayores Blas Martínez y Juan Ignacio Reyes, desde los suburbios de Paraná, piden al congreso provincial la deposición de García de Zúñiga. Otra vez el diputado Urquiza se pone en medio, la Legislatura vota y termina eligiendo nuevamente a Zapata, quién pide un préstamo de cuatro mil pesos para tratar de satisfascer a los rebeldes.

El contexto es cada vez más delicado. El poder central firma el tratado de paz con Brasil que produce gran rechazo, y la renuncia de Rivadavia. Zapata busca un equilibrio político y social: nombra a Cóceres y Palomero comandantes de los departamentos donde habían iniciado la protesta. León Solas es designado “General en Armas”. Urquiza sigue presidiendo el congreso provincial.

Una tercera rebelión política y el violento final

Zapata, en Octubre de ese 1827 le entrega el manejo de las relaciones exteriores de Entre Ríos a BsAs, en el marco de una grave penuria financiera. Un par de meses más tarde renuncia nuevamente y se vuelve a elegir gobernador a León Solas, quién tiene que enfrentarse a una nueva rebelión encabezada esta vez por el Comandante de Paraná, Juan Santa María. Se suman enseguida Tomás Cóceres, Ildefonso Burgos y Jose María del Castillo. El congreso provincial vuelve a retroceder y designa otra vez a Zapata, pero Castillo favorece la fuga de Solas que estaba encarcelado. Cóceres arresta por su parte a Zapata. ¿Que cosas se habrán dicho o pensado en ese momento?. Tantas veces el pueblo trabajador y luchador sabe lo que no quiere, pero no sabe lo que quiere ni como lograrlo: no puede superar sus propias contradicciones y límites políticos e ideológicos. El congreso designa otra vez a Solas. En la Legislatura, como antes en los cabildos, están las figuras políticas regionales que representan los intereses económicos y sociales más fuertes de cada zona, y los hacendados entrerrianos van y vienen en su imposible y patético equilibrio de clases sociales y de correlación de fuerzas políticas en ese marco.

Solas pone mano dura y el primero de agosto de 1828, Cóceres y Santa María son fusilados en Nogoyá. El voluble de Solas -Beatriz Bosch plantea que cada politico y caudillejo de esa época como Solas tiene su “avatar”, y que eran “specimens” sin convicciones- pensó que así terminaba con la rebeldía que fue tagüé antes de los tagüé (5), y que continuó de distintas formas y continuará, porque el espíritu político de la tierra puede estar dormido, pero siempre está latente y hay momentos en los que despierta con fuerza.

Esos panza verdes, bien tagüé, llevaron después al propio Urquiza -casi 30 años después- a hacer de Paraná la capital de la Confederación Argentina, esos tagüé ayudaron a defender Paysandú y se negaron a ir a la infame Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay revolucionario. Esos tagüé cimarrones y revolucionarios ajusticiaron al propio Urquiza cuando volvió a darle la espalda al pueblo, y se la jugaron por Entre Ríos, y por una República Federal justa y solidaria, con el otro López Jordán, con Ricardo López Jordán hijo allá por 1870.

Ese espíritu panza verde ha resistido y resiste como puede las entregas y transas del poder, que igualmente nos ha hecho mucho, mucho daño. Ese espíritu del pueblo profundo que está harto de estar “coparticipado”, es decir jodido, por las especulaciones del poder político y económico concentrado y asociado, y sus migajas miserables. Ese espíritu militante entrerriano, litoraleño y sudamericano que hoy más que nunca plantea, a la par de la solidaridad con los que más lo necesitan, defender nuestra tierra y parar los desmontes, los envenenamientos, los represamientos, la segregación urbana y social, como así también parar la impunidad que nunca rinde cuentas, porque el agua hoy nos llegó hasta el cuello. Ese espíritu de resistencia y de lucha, hoy tal vez disperso, pero vivo, que necesita una coordinación, una organización, una plataforma plural común de los afectados por el ajuste, la entrega y el saqueo, una acción colectiva directa y autónoma más fuerte y el desarrollo, paso y paso, desde abajo, confederal y democráticamente, de una Entre Ríos en Común emancipada, para una Argentina, una Sudamérica y un mundo en común.



León Solas, como todos los políticos de su clase, terminó sin pena ni gloria. Fue y vino, y cambió muchas veces de vereda en la lucha política. De acompañar a Hereñú en el triunfo federal en El Espinillo en 1814 a jugar con los unitarios más burgueses, corruptos y criminales -entre otros, con el Montes de Oca también repudiado en la popular “Antigua Litoralera”-. Jugó con Rivadavia y con Rosas, que más da, era parte funcional del surgimiento de la oligarquía porteña y sus socios. La historia y la política están llenas de éstos miserables políticos y militares “transas” que al final no fueron a ningún lado políticamente, pero que hicieron grandes daños al pueblo, porque el pueblo no se supo defender como debía.

El estanciero, político y militar unitario Solas terminó expropiado por Rosas y Urquiza. Murió sin pena ni gloria en Paysandú en 1841, tal vez creyendo todavía lo que habrán dicho algunos alcahuetes y cómplices: “León estás para más, estás para más”, capaz le habrán dicho, y el se habrá muerto -como otros- soñando sus sueños políticos corruptos e infames, arrecostado en alguna palmera.

Por una nueva epistemología y una nueva pedagogía de nuestra historia

Hasta aquí nuestro repaso introductorio de las rebeliones protagonizadas por Tomás Cóceres y otros luchadores en esa etapa de la historia entrerriana, argentina y sudamericana. Hemos intentado realizar una doble lectura reflexiva y sintomática del trabajo clásico e imprescindible de Beatriz Bosch. Una lectura detallada y lineal junto a una lectura y una interpretación, una hermenéutica, crítica, dialéctica y entre líneas, un estudio de la subalternidad, sólo introductorio y a nuestra humilde manera.

Creemos que es necesario avanzar en otra manera de estudiar y enseñar nuestra historia. La historia de fechas, gobiernos y caudillos debe dar paso a la historia de la compleja lucha política, social y cultural de clases. Necesitamos avanzar en el desarrollo de otra epistemología, otra forma de conocer, de construir el conocimiento de nuestra historia, y de otra pedagogía, otra manera de enseñarla. Una epistemología y una pedagogía diferentes implican otra semiótica, otro discurso, otro análisis y otras imágenes de nuestro devenir.

Reproducir los conceptos de la historiografía tradicional, aunque sea críticamente, sigue siendo operar en los marcos del poder. Hablar que la etapa de 1821-1832 (desde la muerte de Ramírez hasta la llegada al poder de Pascual Echagüe) es la etapa de la “anarquía entrerriana” es reproducir un concepto epistemológica e ideológicamente falso y estrecho originado por el poder dominante. Mejor es estudiar a fondo y pensar. No hubo tal “anarquía” porque a-narquía significa etimológicamente “sin gobierno” y gobernantes lamentablemente hubo, y de terror. No hubo tal “anarquía” porque el socialismo anarquista o el comunismo anarquista implica, en teoría política, la gestión pública y común de la riqueza y la más amplia democracia directa. No estuvimos ni cerca en esa época, salvo tal vez en algún fogón de Cóceres y sus paisanos cerca de Río Grande.

Podemos analizar las cosas, pensar y definir la época con otro título. Uno más adecuado, más concreto, puede ser -por ejemplo “La lucha política y social en Entre Ríos en la Era del Cuadrilátero Rivadaviano y Rosista”. Las metáforas, las ironías, la creatividad comunicativa crítica, pueden ser parte valiosa de una nueva manera de estudiar, pensar y enseñar la dinámica y la complejidad de nuestra historia.

Los cambios y acontecimientos históricos, ¿los logró la movilización solitaria de caudillos y “próceres” o los logró la movilización revolucionaria de los pueblos?.

¿Tan difícil es darse cuenta? ¿A dónde vamos a ir negándonos como pueblo nuestra historia profunda?.

Prof. Mauricio Castaldo
María Grande, Entre Ríos
1/1/2016
Facebook: Mauricio Castaldo
Twitter: @castaldoedgar
NOTAS:

(1) Para conocer más detalles de las fluctuaciones del comercio entrerriano y su dependencia con BsAs en ésta epoca, puede verse la obra del Prof. Oscar F. Urquiza Almandoz, “Historia Económica y Social de Entre Ríos” (1600-1854), BsAs, Banco Unido del Litoral, 1978, pags. 226-234.
(2) Beatriz Bosch, ob.cit, p.102.
(3) Juan Antonio Vilar, “Revolución y Lucha por la Organización. Primera y Segunda Décadas de la revolución 1810-1829”, Paraná, EDUNER, 2014, pp.197-198.
(4) Famatina: la historia de un pueblo que en nueve años expulsó a cuatro mineras”, BsAs, La Nación, 8/11/2015, http://www.lanacion.com.ar/1843559-famatina-la-historia-de-un-pueblo-que-en-nueve-anos-expulso-a-cuatro-mineras
(5) Roque Casals explicó el surgimiento de los conceptos de “panza verde” y “tagüé”, hablando de los soldados de Echagüe y de Urquiza en la Revista paceña Cuando El Pago se Hace Canto. Nosotros ampliamos la idea aquí. El trabajo de Casals puede verse, por ejemplo, en http://www.chamame.com.br/panza-verde-y-tague

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