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Red Nacional de Medios Alternativos

sábado, 2 de abril de 2016

La Revolución del 11 de Abril de 1870: ¡Muera el traidor Urquiza! ¡Viva López Jordán!

-Unos apuntes para la Otra Historia de la Historia
y para la Historia del Mundo Entrerriano-

Atardece en el Palacio San José ese Lunes 11 de Abril de 1870. El gobernador, y ex presidente Urquiza, está tomando mate debajo del corredor, charlando de sus negocios políticos con algún colaborador. Subestima las amenazas contra su vida. Subestima al pueblo profundo entrerriano y a los milicianos federales y sudamericanos. Tiene mucho, mucho dinero, riquezas, poder económico y político, y con eso, poder policial y militar. Cree que será intocable para siempre. Dice, intuye públicamente, desde hace unos nueve años que ha hecho “sacrificios” políticos y que será ferozmente incomprendido, pero no hace caso a los avisos de sus partidarios.


El Palacio San José, en Concepción del Uruguay


Hace pocos días, en Febrero del mismo año, ha recibido con honores excesivamente fastuosos al Presidente Sarmiento en el Palacio. Quiso el General Urquiza hacer ostentación amable y paritaria de su riqueza y de su poder “civilizados” para asombrar al presidente unitario. El sanjuanino ha llegado a Entre Ríos en un buque llamado “Pavón”. Duelo de chicanas entre políticos burgueses “civilizados”. Pavón es uno de los peores recuerdos para los panzas verdes: es el lugar de una batalla que se entregó a los porteños sin luchar hasta el final, es el día maldito de 1861 (hace nueve años) en que Urquiza eligió el camino de la subordinación al poder central para potenciar sus intereses privados. Hasta ahí, sus intereses se combinaban con expansión política y esa expansión contenía y movilizaba la dignidad popular entrerriana.

El pueblo trabajador mirá asombrado, revuelto y lleno de indignación ese espectáculo político bochornoso del poder. Para muchos es la gota que rebalsa el vaso. “El General se ha vendido a los porteños” repiten muchos desde ese 1861. Urquiza le da la espalda a las rebeliones federales en toda la Confederación Argentina -El Coronel Berón en La Paz fue uno de los espíritus rebeldes de ese momento inmediatamente posterior a Pavón-. Las montoneras allá en las provincias y acá le reclaman al caudillo públicamente jugarse, y nada. Avanzan Mitre y cía masacrando a los pueblos. Los enemigos de los pueblos libres de Sudamérica -mitristas, colorados uruguayos, burgueses brasileños- se unen y destruyen Paysandú a principios de 1865. Muchos entrerrianos combaten y mueren solidariamente en la tierra sanducera junto a Leandro Gómez por convicción federal, americana y popular. Urquiza nada. Peor, hace negocios con la guerra.


Paysandú bombardeada


Esas oligarquías enemigas formalizan su “Triple Alianza”, aliada al imperialismo británico como siempre y más que nunca, y masacran también al pueblo paraguayo en una guerra infame. Urquiza ha acordado con Mitre ir a esa maldita guerra, pero una parte de la tropa popular entrerriana se le subleva en Basualdo y Toledo. Su autoridad ya no es tal porque está subestimando al pueblo. Se enoja, hace perseguir a los rebeldes, le pide al propio y leal López Jordan que “respecto a los autores de la deserción de Nogoyá y del Paraná se hace necesario capturarlos, procesarlos y remitirlos tanto, como digo, los de Nogoyá como los de María” (1). Es la moral política del pueblo y su lucha la que forja los grandes momentos históricos, los caudillos ascendien y descienden según interpreten y conduzcan -a su manera, que hay que discutir- esa moral política popular. Algún día el pueblo se dará cuenta que no necesita caudillos y que puede sólo.

En 1868, el General pierde la “elección” de Presidente que gana Sarmiento, apoyado por Mitre, y toma la peor decisión que podía tomar: se presenta a la reelección -ese mismo año- como gobernador de Entre Ríos, cerrando el camino -una vez más- a su fiel lugarteniente e inquieto Ricardo López Jordán (hijo), coronel ascendido a General por el último presidente confederal, Santiago Derqui.


Justo José de Urquiza


Es unánime el criterio entre todos nuestros historiadores, y sobre todo los historiadores urquicistas -Beatriz Bosch, Leoncio Gianello, Leandro Ruiz Moreno, Facundo Arce- del grave error reeleccionista de Urquiza. Esa decisión política -que será la gran decisión política final- del gobernador, ahoga las expectativas de defensa soberana de la dignidad entrerriana, de los anhelos federales y de un mejor futuro político y social, y le aclara definitivamente el panorama a muchos en Entre Ríos: el último Urquiza es el Urquiza real, y ese Urquiza que parecía representar y potenciar al pueblo va a tener que dejar paso al pueblo al que ahora claramente está oprimiendo.

Es mucho ya lo que se le soporta a Urquiza. Ha entregado, ha privatizado parte de la recaudación tributaria de la provincia y el arrendamiento de los campos dejando todo en manos de Antonio Fragueiro -el “Contrato Fragueiro”-. Todo siempre a cambio de recaudación arbitraria y apremiante, créditos, guita fácil, supuesta gobernabilidad, pero ahora todo más patético, miserable, patente, inoportuno e inaceptable que nunca. El pueblo mastica bronca, los intelectuales militantes del periodismo no ahorran críticas públicas al ex presidente: se expresan con fuerza, y luchando contra presiones y censura, Francisco F. Fernandez, Olegario V. Andrade (un tiempo), Evaristo Carriego y José Hernandez quien un par de años después compondrá el mítico Martin Fierro, muy probablemente inspirado en la rebelión y derrota jordanista, pero con una interpretación muy subjetiva, de clase, compleja y tan rica y contradictoria, del propio Hernandez.

Se escucha el galope cercano de los caballos que vienen con sus jinetes ese atardecer del 11 de Abril. Urquiza no da importancia, será uno de los tantos mensajes que espera o alguna consulta, o alguna visita. El galope no se detiene. Se escuchan gritos. “¡Muera el traidor Urquiza, Viva López Jordán!”. El tiempo cotidiano se corta de pronto, como el aliento, y la conciencia tal vez se da cuenta de que está entrando en otro tiempo, el tiempo histórico. Urquiza manda a cerrar los portones del Palacio: ya es tarde, la Historia ya pasó por la puerta sin pedirle permiso, por primera vez sin pedirle permiso, y será sin permiso para siempre.

Urquiza no lo sabe, pero está todo planeado hace varios días. Los revolucionarios están encabezados por los infatigables e irreductibles hermanos Querencio -Mariano y Carlos- y José Mosqueira, entre otros. Varios de ellos han estudiado en las escuelas que ha creado el propio Urquiza hace tiempo, como el gran Colegio del Uruguay que dirigió Alberto Larroque, y vienen a demostrar que los frutos de la dinámica educativa pueden ir más allá de las intenciones del sistema y del poder hegemónico. O que pueden hacerle saber al poder, en cualquier momento, que está traicionando las cosas que hace enseñar en las aulas y en los actos, y que el pueblo tiene derecho a hacerselo saber de la manera que le parezca, buscando con justicia salir de la impunidad y la hipocresía.


Carlos Querencio, a la derecha, en
Fermín Chávez, "Vida y Muerte de López Jordán"


Casi cien años después, hombres de Fe, solidarios y comprometidos, tuvieron que concluir con claridad que se debe comprender y no se debe confundir la violencia injusta de los opresores que sostienen este “nefasto sistema”, con la justa violencia, la justa defensa propia popular y la acción de los oprimidos, que se ven obligados a recurrir a ella para lograr su liberación.

Urquiza corre a buscar un arma, sus hijas le gritan que se proteja. Lo hace, pero será inútil. Hace tiempo la Historia Entrerriana lo busca para ajustarle cuentas. Se ha preparado estratégicamente su final. Ha habido reuniones en Concordia, donde mastican odio y sed de revanchas “blancos” orientales traicionados en Paysandú. Ha habido reuniones en la estancia de López Jordan, en Arroyo Grande, punto estratégico entre Colón y Concordia. Pero López Jordán sólo quiere que apresen al General y lo envíen al exilio, tal vez a Europa. Los revolucionarios le dicen que sí, pero harán otra cosa: van a cortar el mal de raíz, van a liquidar a Urquiza y a sus hijos, a sus posibles sucesores políticos. Los revolucionarios están decididos a todo, sólo quieren que la prestigiosa figura de López Jordán encabece el gobierno posterior a la revolución.

Urquiza dispara e hiere al pardo Ambrosio Luna, pero un tiro del tuerto Alvarez -o del propio Negro Luna- hiere al General en el pómulo. Su fin está cerca. Es grande para caer, pero ya cae. “El general cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, que venía de militar” (2), dicen las crónicas. Entrerrianos -algunos quieren contar el número, como en las elecciones-, orientales, correntinos y cordobeses han hecho justicia. Un día se tenía que terminar tanta infamia política y social. Son los espectros heroicos de Pavón, de Paysandú, de Basualdo y de Toledo que vienen a buscarlo. Va a tener que hacerles compañía en el infierno que el propio General ha pactado y desatado. Son su mano de obra de siempre, que están hartos de la política transera y versera, que por una noche decidieron no ser sus peones.


Representación de la muerte de Urquiza


Los milicianos federales han realizado una acción revolucionaria que se clava para siempre como bandera en la Historia y la conciencia de los entrerrianos, de los provincianos federalistas y de los sudamericanos. Van a tener que hablar para siempre de atentado y revolución los que hablen del pueblo entrerriano y repasen sus gobernantes, sus políticos y su historia. Podrán entregar y saquear la provincia y el país, podrán intentar esconder o maquillar la historia con sus discursos de salón o su anecdotario historiográfico insípido y berreta, pero el hecho estará para siempre, latente, soberano e interpelante. Es la decidida acción revolucionaria del pueblo la que hace la historia grande.

Una muerte mil veces merecida”, escribe el jordanista José Hernandez sobre la acción del 11 de Abril. Y el designado nuevo gobernador de Entre Ríos, Ricardo López Jordán dice sincera y públicamente en su memorable mensaje de asunción:



Ricardo López Jordán (h)


...He deplorado que los patriotas que decidieron salvar la instituciones, no hubieran hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló, pero no puedo pensar en una tumba cuando veo ante mis ojos los hermosos horizontes de los pueblos libres y felices.." (3).

La revolución entrerriana tuvo que resistir después la infame invasión del ejército nacional sarmientino. La dignidad y el coraje panzas verdes, casi siempre a caballo, resistió masivamente en muchas batallas por la defensa de la soberanía entrerriana -repetimos, se habla de soberanía en los documentos históricos, y no de “autonomía”- hasta que fue derrotada militarmente por las “modernas y civilizadas” ametralladoras nacionales sarmientinas y roquistas. Los Querencio masticarán bronca estratégica contra Lopez Jordán en su exilio oriental después (4). De todas maneras, quedará para siempre en la conciencia de los buenos entrerrianos la consigna jordanista frente al atropello, el ajuste centralista y la entrega:

¡El que no defiende a Entre Ríos es un traidor” (5).


Defender la soberanía entrerriana,
impreso jordanista del 20/8/1870, en
Leandro Ruiz Moreno, "Entre Ríos 1862-1930"
(Historia Arg.Contemporánea, Academia Nacional de Historia,
El Ateneo, BsAs, 1967, p.223)


Prof. Mauricio Castaldo – 2/4/2016
María Grande – Entre Ríos

Urquiza tal vez alcanzó a pensar, tal vez sintió -aquel 11 de Abril- que su poder dejó de ser real porque el pueblo se había dado cuenta que era un poder ideológico. La pólvora, los puñales y la sangre fueron testigos de la Historia.

PALACIO SAN JOSÉ

Sigue siendo irreal. Un espejismo
que atravesó los mares y la historia.
Un perenne artificio. La ilusoria
visión de un General. El egoísmo

o la compleja vanidad de un hombre
que concibió el esplendido escenario
para su eternidad, y el temerario
puñal de la traición sobre su nombre.

Nada es real. Ni el lago ni la alfombra
de rosas que a Sarmiento recibiera,
ni la sala de espejos, ni la sombra
de un fugaz centinela de ceniza.

Solo una cosa, acaso, es verdadera.
Una mancha de sangre: la de Urquiza.

Juan Manuel Alfaro


NOTAS:

(1) Fermín Chávez, “Vida y Muerte de López Jordán”, BsAs, Theoría, 1957, p.150.-
(3) “Documentos y Proclamas Jordanistas”, en https://sites.google.com/site/eljordanista/Home/proclamas-jordanistas
(4) Fermín Chávez, ob.cit, p.268.-

(5) Leoncio Gianello, “Historia de Entre Ríos”, Paraná, 1951, p.457.-

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